Por Julian Guarino - Fin del ciclo económico? Difícil saberlo. El dólar oficial se administra a cuentagotas, el blue ha dado muestras de vida, la inflación no cede, pero la actividad económica comienza a dar algunas señales de recuperación incipiente, por ejemplo, febrero, donde el PBI subió según el Indec un 2,3%. La pregunta, como siempre, que viene incluida en el pack es qué va a pasar con el aumento de los costos en dólares, el atraso cambiario y si el recurso para tapar los baches del déficit (más gasto que ingreso) va a ser, para siempre, la emisión monetaria y, por ende, la inflación. Por un lado, Argentina no puede emitir bonos porque pagaría un precio excesivo por el dinero (15-17% anual en dólares) o correría el riesgo de que le embarguen parte de esos recursos. ¿Subir los impuestos? En eso están, pero hay un límite (esperemos que lo haya).
Si bien el gasto público es hoy casi un 50% del PBI, financiarlo con emisión de dinero (que crece al 40% anual) es un recurso peligroso. Evaluemos. Si, como el Gobierno parece estar decidido a hacer, no se ajusta el dólar oficial (se redujo la marcha devaluatoria al 14% anual), entonces se corre el riesgo de generar una desaceleración del consumo (está pasando) porque hay sectores que piensan que conviene tomarse un tiempo antes de comprar bienes que, en dólares, hoy resultan caros. Así, se convive con un fantasma que dice que en algún momento, todo se abaratará con la devaluación. El otro camino tampoco es el ideal, ya que acelerar la devaluación oficial tiene la ventaja de tentar al agro a liquidar sus dólares pero también genera inflación. En el equipo económico del Gobierno existe la certeza de que es preferible financiar el gasto público y, por ende, el déficit, con emisión monetaria antes que salir al mercado internacional a endeudarse en dólares. Es un razonamiento atractivo (para Lorenzino & Co.), ya que no existen condicionamientos externos, como por ejemplo, tener que juntar los dólares para pagar esa deuda. La contracara es que se genera deuda doméstica, más barata, ya que para no generar inflación por encima del 30% anual, el BCRA emite bonos y recoge pesos a una tasa menor. No sería malo empezar a ajustar el gasto público (menos subsidios, etc.) para que el déficit a cubrir no sea tan importante y, por ende, no haya que emitir tanto dinero que luego genera inflación. Si lo damos vuelta, hay quienes sostienen que la mejor manera de frenar la inflación es cambiar de forma de financiar el déficit.
Existe otro problema, quizás tan importante como el déficit: se van agotando las reservas del BCRA. Los dólares sirven para pagar importaciones, pre-financiar exportaciones y pagar deuda (antes servían también para que los argentinos ahorren y viajen). Suponiendo que los dólares sigan faltando, la devaluación siempre está en carpeta. No la devaluación gradual (depreciación) que se hace del peso, sino una medida de sacudón, que en criollo implica una transferencia de riqueza de aquellos que NO se dolarizaron, a aquellos que SI lo hicieron ya que aumenta su poder adquisitivo. Sin embargo, mientras esto sucede, es decir, mientras se espera que el Gobierno tome medidas para devaluar la moneda, las empresas no saben si invertir o no. Hoy el Gobierno te da dólares a cuentagotas pero a $ 5,16. ¿La tentación? Que empiece a limitar la cantidad de dólares... pero por precio. Venderle billetes a Marcó del Pont hoy no es buen negocio. Es probable que el Gobierno comience, en algún momento a pensar que subirle el precio al dólar puede darle una salida.