El Gobierno se esforzó ayer por disimular la tensión evidente que existe en el seno del gabinete en torno a la marcha de la renegociación de los contratos con las privatizadas y que involucra al presidente Néstor Kirchner.
La pelea entre Lavagna y De Vido –uno de los hombres de mayor confianza del Presidente– en torno al funcionamiento de la Unidad de Renegociación y Análisis de los contratos de servicios públicos (Uniren) asomó como la punta de un ovillo que deja al descubierto divergencias más profundas entre el jefe del Palacio de Hacienda y el propio Kirchner en torno a la cuestión económica.
Fuentes gubernamentales admitieron a El Cronista que existen "diferencias" de criterio entre el Presidente y su ministro, vinculadas a la estrategia para encarar el reclamo de ajuste de tarifas de las empresas privatizadas, uno de los puntos centrales que traban las negociaciones con el FMI.
Sin embargo, los voceros se preocuparon en remarcar que estas discrepancias no implican en modo alguno que Lavagna esté pensando en "patear el tablero", justo en momentos en que la Argentina está inmersa en una negociación clave con los bonistas para reestructurar su deuda en default.
Además, advierten, Kirchner y Lavagna "comparten un proyecto de reindustrialización" del país, que va más allá de las discusiones sobre la coyuntura.
Un trascendido que circuló anoche en la Casa Rosada indicaba que Kirchner le habría pedido a Lavagna que no se retire de la Uniren, para evitar abrir una grieta más profunda en su relación con De Vido.
Lo cierto es que las declaraciones públicas de Lavagna objetando los magros resultados que arrojó hasta ahora la agencia no cayeron nada bien en la Rosada.
Tampoco fueron bien recibidas las críticas de Lavagna a sus colegas del ala política del gabinete, por sus pedidos de aumentos de gastos por 28.000 millones de pesos en el Presupuesto.
Más allá de los esfuerzos del Gobierno por bajarle el tono a la disputa ministerial, la permanencia de Lavagna en la Uniren –después de haber anunciado públicamente su retiro– abre un interrogante sobre la forma en que seguirá funcionando ese organismo, que podría terminar convirtiéndose en un ámbito meramente burocrático. |