La cuestión no es cuándo se depreciará el peso sino cuánto. El diagnóstico, así de rotundo, no parte de los labios de un cuevero de la City porteña sino que viene desde Inglaterra, más exactamente desde Barclays, según consignó en su último informe sobre emergentes el quinto banco más grande del mundo por su nivel de activos.
La devaluación se hizo sentir ayer en el microcentro, con los arbolitos promocionando el dólar Messi: a última hora el blue llegó a $ 10 en la calle Florida. Es que el mercado ya había cerrado y no es posible saber a cuánto podría llegar a abrir hoy a las 10.30, cuando se reanude la rueda. Así, para cubrirse, los arbolitos lo subieron de $ 9,80 a $ 10, aunque siempre para pequeñas cantidades.
Para quien quiere comprar u$s 200.000 es un dolor de cabeza: hay que hacerlo de a poco, a lo largo de tres días, porque la plaza no está muy líquida, comentan en el sector.
Por los controles de la AFIP y del Banco Central, hay días en que las cuevas no pueden operar, pero los gastos fijos los tienen que pagar igual. Les avisan a los empleados que no vayan, ya que los mayoristas no atenderán, y no tienen de dónde abastecerse para hacerse de dólares, pero no le pueden descontar el día al personal. Entonces, cuando hay negocios tienen que compensar subiendo el precio, para recuperar las pérdidas.
Ante la escalada del billete en pocos minutos, ya no cierran más precios por teléfono, excepto que el cliente pague un sobreprecio de al menos 10 centavos. Ahora el valor se pacta con el dinero sobre la mesa. Cerrás un precio y perdés: me pasó toda la semana, así que ya no lo hago más. Nunca pasó algo así, que suba tanto en tan poco tiempo y no baje nada, revelan en una financiera.
Entre las 12 y las 14 suele ser el peor horario, cuando más trepa el billete. Después de las 15 es todavía más complicado, porque a esa hora cierra el mercado y no sabés cómo puede llegar a abrir al día siguiente, agrega uno de los intermediarios de la rúcula (forma sofisticada de aludir al dólar, que antes del cepo se llamaba lechuga, porque lo podía comprar cualquiera). Hay unos 3.000 entre Capital Federal y la provincia de Buenos Aires, mientras que otros tantos se reparten en el resto del país. Todos ellos esperan que llegue el frío, para tener la excusa de ponerse más ropa, y así disimular mejor el dinero que llevan escondido en las riñoneras y en las fajas de neoprene que se colocan debajo de sus prendas.
En las cuevas aventuran que el billete seguirá en ascenso porque, según especulan, aumentarán las restricciones por parte del gobierno, que en el futuro podría elevar el recargo para las compras con tarjeta en el exterior y los paquetes turísticos del 20% al 30%, aunque en la AFIP lo desmienten. Con el dólar cerca de $ 10, el impuesto del 20% quedó muy barato, al punto que los paquetes turísticos se siguen vendiendo como pan caliente a medida que se dispara el blue, un nombre que echa raíces en el propio circuito callejero donde los billetes truchos se revisaban antes pasando un resaltador que dejaba una línea azul en caso de ser falso. Por su parte, una de las operaciones legales para hacerse de billetes en el exterior es el contado con liquidación, el cual se denomina blue chip.