Por: Ignacio Olivera Doll - Nada mejor, en la Argentina, que negar una devaluación para apurarle el ritmo al dólar. Lo saben los ahorristas que en los últimos dos días salieron masivamente a comprar billetes a más de $ 10 en las cuevas financieras de la City y a retirar más divisas de los bancos, tanto como los inversores que, en Nueva York, empezaron a pensar en un tipo de cambio oficial de $ 7,25 para fin de año y a $ 8,30 para mayo de 2014.
El mercado ya no sólo percibe que el recorrido de la divisa será infinitamente ascendente sino, también, que será más irremediablemente rápido. Ayer, mientras los arbolitos de la calle Florida ofrecían el billete a más de $ 10, los ahorristas del sector privado se apuraban a sacar sus billetes de las entidades con una intensidad que sorprendió a los propios banqueros, si bien desde el Central negaban ayer que el ritmo haya aumentado. El drenaje explicó, para algunos, algo más de la mitad de la caída de reservas que sintió el Central entre el martes y ayer (u$s 220 millones).
En Nueva York, el nerviosismo fue similar. Los pronósticos sobre el dólar de este mercado de futuros (el único exento de las intervenciones del Banco Central) se dispararon ayer 12 centavos por el anuncio que hizo el Gobierno sobre el blanqueo de capitales. Los inversores empezaron a asumir que en este país la divisa subirá (especialmente después de las elecciones) a un ritmo del 60% anual. Esto indica que, si la brecha actual se mantuviera en los niveles actuales y los pronósticos se cumplieran, el "blue" debería ubicarse al menos arriba de los $ 14,50 en diciembre.
El mercado de contratos a futuro de Nueva York (NDF) suele mostrar grandes sobresaltos y exageraciones entre cada rueda por la escasa liquidez que concentra. Pero es referencia obligada, así y todo, sobre la visión que tienen los inversores del exterior respecto del tipo de cambio local, porque está libre de las distorsiones que suele provocar el BCRA. Semanas atrás, en esa plaza estimaban que el dólar subiría a un ritmo del 45% anual en un período de doce meses. Influían temores recientes sobre defectos de la macro local, como el déficit fiscal, la megaemisión de pesos, la ininterrumpida caída de reservas, la menor liquidación por exportaciones del agro y el inminente fallo de la Corte en EE.UU. Sin embargo, durante la última semana la fuerte suba del "blue" alcanzó para acelerar sus proyecciones: los inversores terminaron por pronosticar una velocidad de avance mayor al 50% anual para la divisa en la Argentina. Y ayer, repentinamente, ese ritmo de suba pasó a ubicarse en el 60%.
El mercado digirió el mensaje como una evidencia tangible de la desesperación del Gobierno por los dólares, a sólo unos meses de que recomendara "pensar en pesos" para obtener los mejores retornos. Los nuevos precios de los contratos a futuro suponen ahora una tasa de devaluación del 37% anual. Pero que sólo se empezará a percibir en esos niveles, según estiman, después de las elecciones de octubre.
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