Por Julián Guarino - Borges solía pintar el mundo en clave mágica pero también iterativa. El carácter ilusorio de la realidad, la revelación, el orden y el caos como anverso y reverso, el mítico laberinto o el mundo como sueño, violencia, coraje y venganza son sólo algunos rasgos de una concepción que se aplica perfectamente a la agenda que impone la política y la economía en la Argentina. En esa línea referencial, también se imbrica por utilizar un verbo que le era caro el desdoblamiento, como un suceso que le permitía construir no sólo una identidad, sino también una alteridad, y una vía alternativa en ese hilo infinito que es el tiempo.
En los últimos días, la Argentina del blanco y negro, del orden y del caos (que no ahorra ficción al realismo) desdobló solapadamente el tipo de cambio y la moneda. En rigor, asistimos al nacimiento de una economía (tri)monetaria, donde convivirán en una aparente convertibilidad el dólar, el peso y el Certificado de Depósito para Inversión (Cedin). Huelga decir que la cuestión habría que escribirla en alta, porque si es cierto y parece que si después de las reuniones de Guillermo Moreno con los cambistas que el Gobierno impulsará la compra y venta de Cedin con cualquier moneda en un potencial mercado secundario (¿bolsa?, ¿mesas de dinero?) se allana entonces el camino para tener un tipo de cambio adicional, que sin ninguna duda será la referencia para establecer una segunda cotización legal y oficial. Resumiendo, habrá una cotización oficial (el actual $ 5,22) y otra, también legal y oficial, que en función de la flamante convertibilidad 1 Cedin= u$s 1, se ubicaría ligeramente por debajo del valor del dólar blue, pero que sería, también, oficial y cuya aplicación podría crecer en forma borgeana, es decir, exponencial y laberíntica. Es inimaginable el grado de penetración y espiralización que lograría el Cedin si despierta al gigante dormido que son los u$s 63.000 millones en billetes que guardan los argentinos debajo del colchón y que, por obra y arte del blanqueo (y el Cedin) podrían volcarse en forma de consumo lo que impactaría positivamente en la actividad económica, la recaudación impositiva, el empleo, etc. Detrás de esa concatenación virtuosa, también asoma con toda su impronta el fenómeno del des-do-bla-mien-to.
Yendo al mercado secundario (el lugar donde se negociarán los Cedin), es probable que prospere y que haya muchos actores / especuladores interesados. Si la convertibilidad del dólar por el Cedin se afianza, el valor del Cedin estará cerca del que tiene el dólar blue. Incluso un Cedin que cotice en el mercado, podría valer menos que un Cedin que ya tiene adjunto el comprobante inmobiliario, en caso que la operación no lo redima en el momento y permita su intercambio una vez realizada la operación. Y atención: la futura ley abre el espectro y dice que hay que acreditar compraventa de terrenos, locales, cocheras, lotes, parcelas y viviendas ya construidas y/o nuevas unidades y/o refacción de inmuebles.
Bienvenido surrealismo
Por otro lado, la economía argentina que maneja un 40% de su actividad en negro tiene pesos suficientes (negros) para generar nuevos Cedines. ¿Cómo? Los pesos negros buscan comprar dólares negros (sube el mercado blue). Esos dólares van al Banco Central, y se entregan a cambio de cedines. Con ese Cedin hago una operación inmobiliaria. Con el departamento en el bolsillo, espero a que venga un comprador con Cedines. Una vez que tengo el Cedin, voy al BCRA a buscar los dólares blancos (ojo que liquidan a $ 5,22 de hoy). Otra pregunta: ¿no es que está prohibido atesorar en dólares?
Si la tentación por redimir el Cedin, es decir, por cambiarlo por dólares del Banco Central es tan grande. ¿Por qué alguien que los recibe querría quedarse con el Cedin? Depende cada caso pero arriesgo: si los Cedin desaparecen rápidamente cuando la gente lo entrega en el BCRA, la ventaja financiera de Marcó del Pont es igual a cero. Pero si se tiene en cuenta que quien los redima queda claramente marcado ante la AFIP y el Banco Central, entonces es probable que el interesado en muchos casos prefiera quedarse a mitad de camino en el mercado secundario, con los pesos, con los cedines, o intente escapar a través del dólar blue. Es más: suponiendo el caso de alguien que tenga Cedines (sin certificado inmobiliario), esa persona podría estar dispuesta a recibir pesos o dólares (menos dólares que los que nominalmente vale el Cedin) porque el que se los compra sí (tratándose de un desarrollador o constructor) puede llevarlos al Central. En las manos de un agente inmobiliario, el Cedin es convertible.
Como se vio, el Cedin ha multiplicado la creatividad teórica mientras que el Bono Argentino para el Desarrollo (BADE), no lo ha hecho. ¿Las razones? Hay en marcha un blanqueo que supuestamente es costo cero para el que trae los dólares, pero si blanqueas contra BADE que tienen un plazo de vencimiento en 2016, o se lo vende en el mercado con un descuento que podría ser del 11%, ya que mientras el bono paga 4%, los bonos en dólares cotizan con una tasa de retorno del 15%. El costo financiero de blanquear es del 30% aproximadamente. Como mínimo, los fanáticos de Borges tienen asistirán a una saga fantástica que les resultará familiar.