Por MARIANA SHAALO - Si continuamos inyectando pesos al 35% anual sin ofrecer alternativas de ahorro en moneda local, el blue no tiene techo, aseguró en una entrevista exclusiva con El Cronista Hernán Lacunza, director de Empiria Consultores.
Lacunza fue gerente general del Banco Central de la República Argentina (BCRA) desde abril 2008 hasta enero del 2010 y antes se desempeñó por tres años como economista jefe la entidad.
Durante la entrevista, explicó que los fundamentos para explicar el tipo de cambio de equilibrio del dólar oficial son irrelevantes para el mercado paralelo porque sus vasos comunicantes están rotos por el cepo.
¿Tiene un límite la escalada del blue?
No esperemos resultados distintos si seguimos haciendo lo mismo. Si continuamos inyectando pesos al 35% anual sin ofrecer alternativas de ahorro en moneda local (con subas de la tasa de interés) el paralelo no tiene techo. Los fundamentos que se utilizan para estimar el tipo de cambio de equilibrio del dólar oficial, que rondan una paridad de $7 por dólar, son irrelevantes para el submercado del paralelo, cuyos vasos comunicantes están rotos por el cepo. A mayor emisión y rigidez del cepo, mayor brecha.
¿Qué consecuencias trae esta suba a la economía y que se puede esperar?
La subestimación del problema por parte de las autoridades, aludiendo a la presunta irrelevancia del tamaño del mercado informal, es contraproducente. Porque refleja la inconsciencia del piloto respecto a los daños colaterales y riesgos para el resto de la economía. No sólo forma expectativas devaluatorias e inflacionarias (sobre todo en bienes no transables, como en inmuebles, cuyo precio en pesos se aproxima al blue más que al oficial) y paraliza la inversión (nadie hunde un dólar voluntariamente si piensa que en un año obtendría mucho más capital físico con el mismo dólar), sino que también contagia al mercado de divisas formal y deprime las reservas, retrasando o desplazando la oferta (por ejemplo, la liquidación de agrodólares con productores que prefieran sentarse sobre sus granos, la de turistas extranjeros que ya no liquidan en el formal a mitad de precio) y anticipando la demanda (por ejemplo, de turismo pagado un año antes, o depositantes en dólares que ponderan los riesgos de una pesificación de depósitos, muy improbable, pero muy dañina).
La semana pasada el Gobierno anunció un blanqueo de capitales y dio por terminado el período de pesificación de la economía ¿Qué objetivos persigue? ¿Puede tener buenos resultados?
El blanqueo procura aumentar las reservas, lubricar un mercado inmobiliario muy deprimido y financiar la infraestructura energética. Los riesgos son un aumento de la brecha cambiaria y un daño permanente a la cultura tributaria (conviene evadir si cada cinco años hay un blanqueo) a cambio de resultados irrelevantes y efímeros. En 2009 se exteriorizaron u$s 4.000 millones, aunque el incremento de reservas fue sustancialmente menor. Pero entonces había más confianza: en los 12 meses previos los depósitos habían crecido u$s 2.000 millones (ahora caen u$s 5.000 millones) y la brecha cambiaria informal era inferior a 5% (ahora es casi del 100%). El regulador del zoológico usa un garrote impiadoso con los que están adentro y ofrece una zanahoria al que está afuera, que naturalmente va a desconfiar.
Como el Cedin es más atractivo (es canjeable por dólares tras una operación inmobiliaria, que puede destinarse a un bono que rinde 14%) que el Baade (rendimiento del 4%, con vencimiento en 2016, menos líquido), el eventual impacto en reservas sería efímero, ya que el vendedor del inmueble podría reclamar los dólares físicos tras el primer uso. Para el sector inmobiliario puede ser un bálsamo desde una situación muy deprimida, seguramente más orientado a propiedades existentes que a construcción nueva, aunque se desconoce la magnitud.
¿Sirve como alternativa de inversión para los ahorristas que se vuelcan al blue?
Si se permitiera la compra de Cedines en pesos en el mercado secundario, podría ser una alternativa al billete físico, y podría descomprimir el blue. Sería un bono en dólares con características de cuasi-moneda, de provincia estadounidense pero respaldada por banco central argentino, que vale más que el peso (respaldo total en dólares en el Banco Central), pero menos que el dólar billete (menor liquidez y poder cancelatorio, riesgo de no entrega de billetes al momento del rescate). Venezuela usó métodos alternativos para inyectar divisas que compitieran con el mercado informal en momentos de brechas descontroladas, con buenos resultados, aunque efímeros en la medida que no contuvo la inflación y ancló el tipo de cambio
A pesar de la liquidación de la cosecha, no se pudieron recomponer las reservas del Central. ¿Por qué? ¿Las reservas van a seguir a la baja o cabe esperar una suba en los próximos meses?
El primer cuatrimestre fue muy malo en materia de evolución de reservas. Se esperaba cierta estabilidad y cayeron casi u$s 4.000 millones, no por menor liquidación de granos sino por un drenaje incesante de turismo y pagos de deudas públicas y privadas (corte de líneas comerciales y financieras). El segundo cuatrimestre debería ser mejor en virtud de la liquidación estacional del grueso de la cosecha de soja, incluso a pesar de la intención de retener granos por parte de productores. En la proximidad de las elecciones, y hasta fin de año, volvería la escasez relativa en tanto y en cuanto no se modifique la política monetaria y cambiaria, que parece lo más probable en un año electoral. En conclusión, las reservas terminarían el año en niveles parecidos a los actuales, un 10% inferiores a los del cierre de 2012. Esto marcaría una caída de reservas por tercer año consecutivo, aún con plena vigencia de las restricciones a la demanda, lo que descarta cualquier posibilidad de relajación del cepo, con la consecuente asfixia en la actividad y en la inversión, por falta de oferta voluntaria de divisas.