El turismo receptivo, por ejemplo, floreció como nunca antes, alcanzando máximos de cinco millones de visitantes anuales, con un ingreso anual de divisas de hasta US$3.500 millones. Los centros de servicios informáticos y las “fábricas” de software llegaron en escasos años a exportar por valor de 800 millones de dólares. En ambos casos se trata de actividades con fuerte efecto multiplicador y con la capacidad de generar empleo numeroso y de calidad.
La industria vitivinícola, la producción y exportación de frutas y cítricos, miel, lácteos, pesca y otras actividades clave para las economías regionales se beneficiaron desde la salida de la convertibilidad, conquistaron nuevos mercados y consolidaron los viejos gracias a una relación precio-calidad sobresaliente (páginas 6-8).
Como en otras épocas de la historia económica reciente, ahora el atraso cambiario vuelve a hacer estragos. Las bodegas de Cuyo multiplicaron sus exportaciones por 10 y pasaron a representar más del 4% del comercio mundial de vinos. Es una industria que hizo todos los deberes, combinando la producción primaria con la industrial y los servicios y agregando valor en todas las etapas. Hoy tienen que volcarse al mercado interno ante las dificultades para exportar en un mercado ultracompetitivo.
Con los call-centers ocurre algo similar: llegaron a ocupar a 85.000 empleados en su mejor época, hace escaso tiempo. Actualmente hay allí 30.000 trabajadores menos por caídas de contratos del exterior. El crecimiento de la economía a tasas chinas, que multiplicaba las exportaciones, y no solo de commodities agrícolas , parece haber quedado definitivamente atrás.
“Lo que realmente nos diferencia de Asia”, resume el chileno Gabriel Palma, que fue funcionario de Salvador Allende y que hoy es profesor en Cambridge, “es nuestra incapacidad de sostener el crecimiento; nosotros somos maestros para descarrilar el crecimiento rápido” (pág. 4).
Los momentos de alto precio de las materias primas “deberían haberse aprovechado para avanzar en los niveles de industrialización”, agrega este prestigioso economista heterodoxo. No se hizo, o no se hizo lo suficiente.