Con nadie más que los exportadores volcando divisas al mercado cambiario, en lo que va del año Mercedes Marcó del Pont parece haberse visto forzada a inclinarse por la primera de las alternativas. Hasta el viernes pasado las compras del Central en el año ascendían a sólo u$s 730 millones. A misma fecha del año pasado superaban los u$s 6.000 millones.
La clave de esta diferencia, según estimaciones de Federico Muñoz & Asociados, está en la drástica reducción del ingreso de divisas por el canal financiero, que hasta la imposición del cepo explicaban hasta 45% del volumen que se operaba en el mercado cambiario.
Con esas divisas fuera del mercado, los sojadólares por sí solos no alcanzan para mantener el nivel de reservas y, al mismo tiempo, fondear las importaciones vitales para sostener la actividad. Con menos compras de divisas de las que hizo el año pasado, el BCRA podría haber conservado sus reservas intactas. Pero tuvo que hacerse a un lado para dejar hacer.
En abril, el saldo de la balanza comercial se redujo un 37,9% en relación a igual mes del 2012 hasta alcanzar los u$s 1.151,5 millones. Mientras que las exportaciones crecieron 12% interanual, las importaciones lo hicieron al 32%.
La principal causa de la reducción del superávit comercial está en el aumento de la importación de combustibles, que trepó 43% en el primer cuatrimestre. Pero el relajamiento de las trabas se sintió en todos los rubros: en abril las compras de bienes de capital subieron 40% interanual y las de bienes intermedios, 21%.
El incremento de las importaciones no explica por sí solo al crecimiento económico, pero fue condición necesaria para que la industria y el comercio puedan mostrar los modestos pero esperanzadores datos de actividad que ostentan hoy. Así, según la consultora Osvaldo J. Ferreres & Asociados, la economía acumula un avance del 1,2% en los cuatro primeros meses del año. El costo fue una pérdida de u$s 3.800 millones hasta el 30 de abril.
Con las reservas del BCRA en un mínimo de seis años, u$s 38.806 millones, los importadores empezaron a sentir en las últimas semanas que la aduana ya no es tan permeable como lo fue en los primeros cuatro meses del año.
Si ese cambio se sostiene, quizás el Central logre revertir o al menos morigerar la caída de sus tenencias internacionales (más aún si el blanqueo alcanza algún grado de éxito). Pero la tranquilidad cambiaria que generaría no vendría sin costos.
En uno de sus informes semanales, Delphos Investment hizo un ejercicio para estimar el impacto de las importaciones en el nivel de actividad económica. Según sus cálculos, alcanzar un superávit comercial cercano a los u$s 7.000 millones este año permitiría que el PBI se expanda en torno al 3% anual. Extender el superávit a los u$s 10.000 millones implicaría conformarse con un crecimiento de no más del 2,3% anual.
Crecer importando y con reservas en baja, o detener la actividad para cuidar el frente cambiario. Poco envidiable decisión para un proyecto de desarrollo que pretende privilegiar la producción y el consumo internos.