 Por: Sebastián Brudersohn - En mayo, la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) dio a conocer los resultados de su habitual informe anual "La inversión extranjera directa en América Latina y el Caribe 2012". El desempeño de las inversiones externas en la Argentina fue ambiguo: si bien en 2012 la IED en el país se incrementó un 27% respecto a 2011, las dos terceras partes de esa inversión correspondieron a reinversión de utilidades y no a nuevos aportes de capital, justamente en un año caracterizado por una mayor intensidad del cepo cambiario que dificultó el envío de divisas al exterior y forzó a las compañías a reinvertir sus beneficios.
La CEPAL destacó el buen desempeño de la IED en América del Sur en 2012 al crecer un 12% respecto al año anterior y permitiendo el ingreso de u$s 14.915 millones más que en 2011. El mayor crecimiento de la inversión externa se dio en Perú (49%), seguido por Chile (32%) y Argentina (27%). Por su parte, Brasil, continuó siendo la mayor receptora de IED de la región, a pesar de haber retrocedido un 2% respecto a 2011. La mayor parte de las IED en América Latina estuvo orientada a la explotación de los recursos naturales que en 2012 significó el 50% del total de estas inversiones en la región. La lista de los países inversores estuvo liderado principalmente por Estados Unidos y la Unión Europea, aunque en 2012 se incrementó considerablemente la proporción de los flujos de IED intraregionales, alcanzando el 14% del total. Este crecimiento de las inversiones da cuenta de la preferencia de los inversores por los mercados emergentes de la región, precisamente en un año donde los flujos mundiales de IED disminuyeron 13%. El informe resalta que "el crecimiento económico de los últimos diez años, los altos precios de las materias primas y la elevada rentabilidad de las inversiones asociadas a la explotación de recursos naturales" han jugado un rol clave para que América Latina y el Caribe se constituyeran en las plazas favoritas para los inversionistas.
Sin embargo, aún impulsada por el boom regional, no todo fue color de rosas para Argentina. El informe revela que de los u$s 12.551 millones que ingresaron en 2012 al país en concepto de IED, sólo u$s 3.354 millones entraron como aportes de capital, mientras que u$s 7.984 millones fueron reinversión de utilidades (el resto correspondió a préstamos entre compañías). Desde que funciona el cepo cambiario en el país, y ante la imposibilidad de las firmas de girar sus dólares a las casas matrices, la reinversión de utilidades creció un 161% más que compensando la caída del 9% de los aportes de capital. Este dato no es menor ya que hace un tiempo que la Argentina viene adoptando estrategias orientadas a maximizar la IED recibida sin importar la calidad de la misma. En este sentido, la CEPAL remarcó que "a partir de las reformas de mercado, en América Latina predominó la convicción de que la IED era un propulsor del desarrollo que tenía efectos positivos automáticos en las economías receptoras". Pero lo cierto es que la ausencia de inversión genuina es preocupante en tanto no genera una mayor capacidad productiva para el país y tampoco impulsa el mercado laboral local. Giovanni Stumpo, jefe de la Unidad de Inversiones y Estrategia Empresarial de la CEP y uno de los encargados de presentar el informe, se encargó de señalar que "es difícil determinar si la inversión extranjera en la Argentina es de calidad, o generadora de empleo."
Al comparar el desempeño de la IED en la Argentina, por un lado, y el de la región en su conjunto, por otro, se puede apreciar que el discurso oficialista de "el mundo se nos está viniendo abajo" es cuanto menos cuestionable. Lejos de seguir el mismo camino que el resto de los países de Sudamérica, la Argentina pareciera estar desaprovechando una gran oportunidad para atraer nuevos capitales productivos. Ejemplo de ello es que, mientras en la Argentina los aportes de capital representaron poco más del 25% del total de la IED en 2012, en países como Brasil y Colombia éstos fueron un 81% y un 60% respectivamente.
La principal explicación al comportamiento de la IED en la Argentina, se encuentra en la situación -poco saludable- de la macroeconomía del país. La restricción de dólares, la inestabilidad de precios y la ausencia de reglas de juego claras para los inversores, entre otras cosas, han hecho que la Argentina se convirtiera en un lugar cada vez menos atractivo para los proyectos de producción. En este contexto, el país está sufriendo las consecuencias de las malas decisiones en política macroeconómica y esto se ve reflejado en la disminución de aportes de nuevos capitales.
La implementación del cepo cambiario en un intento desesperado por frenar la caída de las reservas, es un claro ejemplo de la mirada cortoplacista del Gobierno al no refaccionar sobre las consecuencias negativas en las inversiones futuras. Habrá que esperar para saber qué sucederá en los próximos meses con las IED, pero todo indica que no habrá nuevas inversiones extranjeras de gran magnitud. A la economía argentina le llegó la hora de dejar de pensar únicamente en soluciones de corto plazo y empezar a reflexionar más en el largo plazo. |