Por: Jorge G. Herrera - Meses atrás se debatía que este año la economía, en un año electoral clave, no tendría la ventaja del tan mentado viento de cola externo. Ahora, tras la performance de los mercados mundiales en mayo y en particular del cierre de mes tan negativo, se advierte que no sólo no soplarán brisas alentadoras, sino que más que un viento de cola se vislumbra un tornado de frente en los próximos meses.
Varias alarmas se encendieron en las últimas jornadas. Sobre todo desde el tablero mundial con epicentro en Estados Unidos y en China. Aunque también desde las castigadas economías europeas no llegan buenas noticias (principalmente desde Alemania y Francia). A esto se suma el importante recorte (de un 50%) en las estimaciones de crecimiento de Brasil, que no da muestras de recuperación. Las proyecciones iniciales apuntaban a un 4% este año y ahora se han reducido por debajo del 2% tras el pobre resultado del primer trimestre.
Para empezar, el miedo a que la Fed comience a reducir los estímulos monetarios (principal catalizador de la suba del mercado desde 2009) asustó a los inversores, que esperan más pistas sobre la evolución de la economía norteamericana. En tal sentido, los datos peores de lo esperado que se conocieron sobre el PBI y el empleo fueron una buena noticia para aquellos que los interpretan como más estímulos por parte de la Fed, pero malos en términos de evolución económica. Varios banqueros centrales vienen señalando que su principal preocupación ahora es que la Fed comience a tensionar la política monetaria, o sea, a retirar los estímulos, porque podría tener un enorme impacto en los mercados emergentes. Frente a estos planteos, Ben Bernanke les aconsejó bajar las tasas para reducir el impacto positivo (de la baja del dólar) en sus divisas, que no es más ni menos lo que se está viendo en estos momentos.
Pero la psicosis sobre la restricción de la liquidez de la Fed domina. Y el último balance conocido mostró cómo puede ser el retiro de estímulos, bajó en la semana unos u$s 18.000 millones. Se especula que podría comenzar en septiembre y en forma gradual. Vale señalar que la Fed lo anticipará con tiempo, explicándolo de forma clara en la mejora económica y de los propios mercados. De cualquier forma, se anticipa que la tasa a 10 años en EE.UU. alcanzará niveles de 2,25%/2,35% en los próximos meses hasta superar el 2,6% hacia septiembre-octubre. Además, la tasa a 30 años tocó el máximo del año. Todo esto encarecerá la búsqueda de financiamiento en los mercados de capitales internacionales.
Entonces, a pesar de que suene paradójico y contradictorio, los indicios que tengan los inversores de que la economía vuelve a su ritmo de crecimiento sostenible van a desfinflar el ímpetu de los mercados a corto plazo. Hasta que los inversores entiendan que este escenario es beneficioso, cada dato macro que se publique será examinado en profundidad, incrementando, a su vez, la volatilidad.
En Europa, ahora que no hay que lidiar con los temores diarios a más rescates soberanos en la periferia, los malos datos de sus principales países recuerdan que se está en una recesión prolongada y profunda sin recuperación inmediata a la vista. Aunque más preocupante que la debilidad del sur de Europa es para los mercados que los motores francogermanos muestren una actividad económica tan decepcionante. No obstante, al igual que en el caso de EE.UU., los malos datos económicos, especialmente el elevado nivel de desempleo, junto con la inflación muy por debajo del objetivo del Banco Central Europeo del 2% podrían aumentar la posibilidad de una nueva relajación monetaria. La presión está sobre Mario Draghi para que vuelva a abrir su caja de herramientas de flexibilización y a reunir medidas más audaces para combatir el deterioro de la región.
El menú se completa con las especulaciones sobre la desaceleración de China y el poco margen que tiene el Gobierno asiático, que así se suma a las dudas sobre las perspectivas mundiales después que la OCDE rebajó las estimaciones y que el Fondo Monetario hizo lo propio con las chinas. Si bien el último dato del sector manufacturero chino (PMI) mostró una mejora, al incorporar cambios a los factores de ajustes estacionales complica su correcta lectura. Por ello se aguardan más datos de mayo como producción industrial, consumo eléctrico, ventas minoristas e inversión para tener un mejor dictamen de la coyuntura. |