Para muchos especialistas, lo que los libros de Finanzas enseñaron durante el siglo XX respecto de las estrategias de inversión en renta variable ha quedado anticuado y ya no se puede aplicar al pie de la letra. Históricamente, comprar acciones implicaba convertirse en propietario de una parte minoritaria de una compañía, para lo cual se evaluaba la solidez de la empresa, la estabilidad de su entorno y las perspectivas de su negocio. Este es el principio que ha guiado a los mercados bursátiles desde sus orígenes: generar una legión de pequeños inversores que se convirtieran en socios de las empresas que iban saliendo a bolsa y que a su vez financiaran su expansión.
Según este paradigma que gobernó a los mercados hasta fines del siglo XX, cada inversor diversificaba su cartera en función de su nivel de tolerancia al riesgo, con una parte de acciones de empresas menos riesgosas y otra (en general menor) de papeles de compañías más riesgosas. Esta es una de las bases de las Finanzas, desarrollada a partir de la Teoría del Portafolio de Markowitz y el modelo CAPM (Capital Asset Pricing Model) para maximizar el retorno de cada acción.
Este es el mismo paradigma que convirtió en un gurú multimillonario a Warren Buffett, quien en seis décadas multiplicó su capital inicial de u$s 10.000 a u$s 44.000 millones y que siempre defendió la idea del value investing, es decir invertir en empresas con fundamentals sólidos y con un horizonte de largo plazo. Nunca invierta en un negocio que no pueda entender; Compre un negocio, no alquile las acciones; Invierta siempre a largo plazo, son algunos de sus consejos que siempre definieron su filosofía de inversión.
Los tiempos cambian
El problema es que los tiempos han cambiado, y mucho, para los inversores de los mercados bursátiles. Las estadísticas muestran que si antes, en EE.UU. y los países desarrollados, una acción era conservada dentro de una cartera de inversión unos cinco años en promedio, en las últimas dos décadas esta media pasó a tan sólo... ¡cinco meses! Y este cociente sigue cayendo en la actualidad, para no durar más que una fracción de segundo, debido al Trading de Alta Frecuencia.
¿En qué consiste esta modalidad? Conocido también como High Frequency Trading o HFT, representa la nueva forma de operar en los mercados financieros, gracias a muy complejos programas informáticos (o algoritmos) que permiten realizar transacciones en mucho menos tiempo de lo que un operador puede reaccionar a una información. Se trata de computadoras que envían enormes cantidades de órdenes de compra y venta a muy corto plazo, sin ningún tipo de intervención humana y que están cambiando profundamente la manera de operar en las bolsas de todo el mundo.
Esto significa, planteado en términos de la Teoría financiera clásica, que a partir del HFT un inversor puede ser propietario de una empresa por unos pocos segundos. Y si se tiene en cuenta que las inversiones en fondos de HFT representan más del 70% del volumen operando en las bolsas de EE.UU. y cerca de un 40% del de los mercados europeos, cabe preguntarse lo que significa invertir en una compañía hoy en día.
¿Cómo se llegó a esto? El espectacular desarrollo tecnológico aplicado a la operatoria bursátil, sumado a un período durante el cual la política de los principales bancos centrales fue la de reducir las tasas de interés a niveles muy bajos para evitar dos profundas recesiones (primero tras el estallido de la burbuja puntocom en 2000 y luego tras el de la burbuja inmobiliaria en 2007) impulsaron fuertemente la especulación financiera y la volatilidad de las acciones. Según un estudio del economista estadounidense Robert Shiller, hasta 1970 una acción podía llegar a tener una volatilidad que hiciera que su precio alcanzara hasta el doble del valor real de la compañía. Mientras que a partir de los años 90, esta volatilidad creció hasta llevar el precio de la acción a entre seis y diez veces el valor real de la empresa.
En este contexto, es lógico que ahora los inversores se planteen cuánto tiempo conviene conservar una acción en sus portafolios. ¿Es especulativo comprar y vender a corto plazo? ¿Cómo saber cuándo conviene vender? Buffett siempre sostuvo que si un inversor no soportaba la idea de que el valor de su acción cayera un 50% sin entrar en pánico, era mejor dedicarse a otra cosa.
Pero con la actual volatilidad, las estrategias clásicas se vuelven más difusas. Un estudio realizado por el analista Winton Felt de Stockdisciplines en el mercado de EE.UU. indica que si una acción subió un 20% en cinco meses, lo más probable es que su rally alcista comience a desacelerarse y no pase de un 10% de suba en los próximos meses o que termine cayendo un 10%. Por lo que Felt recomienda tomar ganancias cuando se llega al 20% de suba.
Pero aquí tampoco existen recetas mágicas, de ahí que todavía muchos sigan los consejos de Buffett de buy and hold y más después de la crisis puntocom, en la que el Oráculo de Omaha demostró su sapiencia manteniéndose al margen de las modas financieras.
Las oscilaciones salvajes de precios están más relacionadas al comportamiento de los inversores que a los resultados empresariales. Gran parte de éxito puede atribuirse a la inactividad. La mayoría de los inversores no resiste la tentación de comprar y vender constantemente, pero la piedra angular debe ser el letargo, bordeando la pereza, defiende Buffett. ¿Quién tiene razón?