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| Semana de bancos centrales |
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06/06 - 09:20 Ambito Financiero |
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Por: José Siaba Serrate - Siete bancos centrales se reúnen esta semana para examinar, como es habitual, la marcha de sus políticas. Tres de ellos con influencia en el tablero internacional: el Banco de la Reserva de Australia, el Banco de Inglaterra y, sobre todo, el Banco Central Europeo (BCE). La política monetaria es la vedette que concentra todas las miradas desde que Ben Bernanke, el mandamás de la Fed de los EE.UU., planteó la posibilidad de revisar (y recortar) su programa de compra de bonos, el QE3. ¿Qué cabe esperar?
La Fed instaló una vigilia que promete tensarse más y más hasta el cónclave del 18 y el 19 de junio. Pero los demás bancos centrales también juegan. El Banco de Japón, en abril, con el lanzamiento de su agresivo plan QQE, impulsó el ventarrón de expectativas de liquidez que, de modo verbal, Bernanke procuró contener. Tokio encontró rápido eco en una multitud de bancos centrales -dentro y fuera de Asia- que se apresuraron a rebajar sus propias tasas de interés para no quedar atrapados en una incómoda apreciación cambiaria. Todavía la semana pasada -aunque ya la tónica global se había moderado- se registraron disminuciones en Tailandia, Israel (por segunda ocasión en un mes) y Hungría (por décima vez consecutiva). Y Polonia se sumó ayer. La cruzada reductora tuvo un aliado estratégico en Mario Draghi, el hombre fuerte del BCE. Y no tanto por haber mochado un cuarto de punto la hoy simbólica tasa refi (dejándola en el 0,5%) sino por la osadía de mentar una posible tasa negativa para los depósitos que recibe la institución.
Se puede pensar la actualidad de las plazas financieras como el tablero de un ajedrez imaginario. El Banco de Japón y el BCE movieron las piezas en abril y mayo en un sentido de relajación. Bernanke, con un despliegue de pirotecnia oral y escrita, preocupado, según dijo, por los excesos en la cacería de rindes, les cerró el paso. En esta pulseada virtual, si los mercados crujen es porque la advertencia de Bernanke cobró ventaja.
¿Toca el turno de mover a los que quieren mayor liquidez? Después de su recorte de mayo, y tras facilitar una depreciación del 6% en su moneda (frente al dólar de EE.UU.), al Banco de Australia, este martes, no lo corrió la prisa. Distinta es la situación de Mervyn King: hoy será su última reunión al comando del Banco de Inglaterra e insistirá, es seguro, en aumentar la potencia del QE en 25 mil millones de libras. Será también, presumiblemente, su última derrota. No se espera que este viejo halcón devenido en paloma encuentre más aliados que otrora -Paul Fisher y David Miles- y, si es así, perderá la votación 6 a 3. A fin de junio le cederá el control al canadiense Mark Carney y allí se verá si hay espacio para insertar un cambio de prédica.
Queda por ver la carta mayor, el BCE. ¿Será que Draghi logró convencer a sus colegas sobre la necesidad de acelerar el paso flexibilizador? La invocación a la tasa negativa, ¿se convertirá en realidad? ¿O es un eslogan como las OMT, la promesa de intervención del BCE, que es útil para repetir pero -casi un año más tarde- no tiene principio de ejecución ni visos de aplicación? Si fuera un mantra tan eficaz, a decir verdad, no habría problema (es todo lo contrario: ensayar una tasa negativa bien podría constituir un gran dolor de cabeza). ¿Y el proyecto audaz de involucrarse en los mercados de fideicomisos de préstamos para destrabar el crédito a las pymes de la periferia? Los que conocen el paño son escépticos en ambos frentes. El bloqueo alemán es escollo difícil de sortear. El Bundesbank -y su titular, Jens Weidmann- no han cedido un ápice en su férreo rechazo a las OMT (pese a no haber entrado en acción). Y el próximo miércoles Draghi está citado para explicarle el asunto al Tribunal Constitucional Alemán (enviará un emisario). Desde esa óptica sería prudente demorar otros experimentos de probeta que son conflictivos con el gusto teutón por la ortodoxia. No obstante, el BCE igual pueda ejercer influencia. Si de veras precisa promover una distensión, lo intentará. ¿Se saldrá con la suya? Draghi es rival digno de Houdini; aun maniatado, siempre es capaz de sacar un truco de la chistera.
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