Las economías regionales atraviesan un estado de deterioro cada vez más visible. Sin embargo, el impacto no es para todos por igual. Las provincias norteñas son las de peor desempeño, y no es casual que sean aquellas más dependientes de los fondos nacionales. Por el contrario, las regiones patagónica y pampeana han tenido una recuperación más positiva, gracias a contar con más bienes exportables y una base de ahorros dolarizados previa al cepo cambiario que les permitió generar un colchón.
De acuerdo a un informe elaborado por la Fundación Mediterránea, la brecha cambiaria entre el dólar blue y el oficial puede haber tenido algún grado de influencia en varias zonas del país. La posibilidad de liquidar divisas de manera informal, sin embargo, tiene un efecto de corto plazo. Las economías regionales siguen dependiendo del resultado de la cosecha y de la rentabilidad del resto de las producciones zonales.
La Fundación apeló a tres variables para evaluar a las provincias: su sensibilidad externa (exportaciones como porcentaje de su producción); la dependencia de fondos nacionales y la distribución geográfica de los depósitos en dólares.
Aún con precios internacionales altos, el tipo de cambio retrasado genera costos crecientes en esa moneda y ha desalentado las exportaciones regionales. Sin embargo, en la región pampeana juega a favor la mayor cosecha (frente a la sequía del año pasado) y el aumento de exportaciones a Brasil.
El NOA y el NEA sufren al ritmo de la recaudación: Formosa recibe fondos nacionales equivalentes a casi el 40% de su producción. Varias provincias pampeanas, Chubut y Mendoza son aportadoras netas.
La Capital Federal sorprende por contar con mejores indicadores financieros y más ventas de autos, pero padece más desempleo y caída del turismo y la actividad inmobiliaria.