Por entonces, la onza troy cotizaba a u$s 1.675,35.
Medio año más tarde, la desaceleración de China y, más recientemente, las señales de un final para la política monetaria laxa en los Estados Unidos destrozaron los precios del metal. Hoy, la onza troy de Nueva York el precio mundial de referencia está en u$s 1.294. Una pérdida del 23% en el año.
El derrumbe del precio del oro, según los últimos datos del BCRA, hizo retroceder la relevancia del metal en el total de las reservas al 7,1%.
El miércoles, la Reserva Federal de los Estados Unidos (Fed) abrió la puerta al inicio de una retirada progresiva de las medidas de estímulo a partir de finales de este año, hasta su eliminación completa a mediados de 2014. La Fed consideró que los riesgos negativos para la primera economía mundial han disminuido, y calcula que la tasa de desempleo podría descender en 2014 al 6,5%, cifra en la que trazó la raya a partir de la cual podrá dar por finalizado el programa de compra de activos vigente el QE III, una suerte de emisión monetaria masiva por valor de u$s 85.000 al mes.
Como resultado de las revelaciones de la Fed, el oro se desplomó 6% en la rueda del jueves pasado. Sólo la caída de ese día le costó a la entidad conducida por Mercedes Marcó del Pont u$s 154 millones.
Para el ex titular del Banco Central Martín Redrado, se hubieran ahorrado u$s 750 millones porque estaba asegurado el 100% del portafolio en oro con puts y calls. Y las proyecciones a futuro no son alentadoras. El propio jueves el banco de inversión UBS rebajó su proyección para el precio del oro al cierre de 2013 en un 10%, a u$s 1.440 la onza, desde u$s 1.600. Salvo que empeore la economía en EE.UU., haciendo imposible abandonar el estímulo monetario, el oro tiene perspectivas pésimas, dijo Miguel Boggiano, CEO de Carta Financiera y docente de la Universidad de San Andrés. Para empeorar la situación, el impacto de las fluctuaciones del metal en las tenencias internacionales del BCRA se ve acentuado por un cambio de política de la autoridad monetaria. El BCRA solía proteger el valor de las reservas frente a fluctuaciones del precio del oro: limitaba las ganancias si el metal traspasaba determinado precio, pero también las pérdidas si la cotización caía por debajo de cierto umbral. Ese seguro ya no está vigente, advertían Pedro Rabasa y Hernán Lacunza (este último un ex BCRA de la era Martín Redrado) en un informe de Empiria Consultores de abril pasado, cuando las bajas del oro preocupaban.