Es en este contexto que el gobierno de Dilma Rousseff insistió semanas atrás en el reclamo hacia la Argentina para que flexibilice las autorizaciones para importar. El ministro de Desarrollo, Industria y Comercio, Fernando Pimentel, se reunió con la presidenta Cristina Fernández y parte del equipo económico y, según trascendió, habría insistido en la necesidad de que eliminen las Declaraciones Juradas Anticipadas de Importación (DJAI) para Brasil.
Finalmente, ayer el gobierno del vecino país dio a conocer su balanza comercial del semestre y reveló la magra performance exportadora. Durante el primer semestre del año, el mayor socio del Mercosur registró un déficit de u$s 3.000 millones, el peor resultado en los últimos 18 años. Entre enero y junio del 2012, el resultado fue superavitario en u$s 7.100 millones.
Con respecto al vínculo bilateral, el comercio aumentó en junio 35%, impulsado por un crecimiento tanto de las exportaciones como de las importaciones. Sin embargo, las ventas a Brasil crecieron 47,1% el mes pasado, en tanto que las compras de ese país aumentaron 25,4% interanual. En ambos casos, las bases de comparación del 2012 fueron muy bajas.
Las ventas argentinas a Brasil en junio alcanzaron los u$s 1.543 millones e incluyeron envíos de hortalizas, cebada, arroz, motores para vehículos, vehículos de cargo, autos y autopartes, productos de perfumería, cebollas y ómnibus.
Ranking
Las exportaciones al vecino país dieron cuenta del 8% de las compras brasileñas en junio y la Argentina se ubicó en el tercer lugar en el ranking de sus principales proveedores.
En cuanto a las compras, en junio treparon a los u$s 1.644 millones y el aumento interanual del 25,4% obedece a mayores importaciones de máquinas aplanadoras, vehículos de carga, autos y autopartes, tractores, maquinaria agrícola, neumáticos, motos e instrumentos para medición. De esta manera, la Argentina fue el mes pasado el cuarto comprador de productos brasileños, luego de China, Estados Unidos y Panamá.
Que la Argentina reduzca el déficit con Brasil es, en principio, una buena noticia, pero el debilitamiento de la potencialidad exportadora se vincula con una economía que no termina de despegar y a la que se le sumaron en las últimas semanas fuertes conflictos sociales. Este escenario genera gran preocupación en los empresarios argentinos, quienes destinan gran parte de su producción a la economía vecina.