Por Florencia Donovan - En 2012, el Gobierno apenas incrementó su deuda neta del 41,8% del Producto Bruto Interno (PBI) al 44,9%, pero aumentó su dependencia del financiamiento intraestatal, lo que para algunos economistas podría ser un arma de doble filo, ya que si bien le garantiza al Tesoro la facilidad de renovar sus vencimientos, debilitaría por otro lado los balances de las agencias estatales (caso del Banco Central) y sería hoy una de las fuentes de la aceleración de la inflación. En un año, según los datos difundidos ayer por el Ministerio de Economía hasta diciembre de 2012, la deuda en poder de las agencias del sector público trepó de 52,9% a 58,1% del total, en gran medida gracias al creciente aporte financiero del Banco Central (BCRA) y de la Administración Nacional de Seguridad Social (Anses). Mientras que, en contrapartida, la deuda con el sector privado pasó del 32,9% al 29,1% del total después de caer en US$ 1369 millones en el período) y los pasivos con organismos multilaterales descendieron del 14,3 al 12,8 por ciento. "Estos indicadores sintetizan la continuidad de una evolución positiva de la deuda en términos de nivel, composición y sostenibilidad", dijo ayer el secretario de Finanzas, Adrián Cosentino, al difundir los datos. Maximiliano Castillo, director de la consultora ACM, opina, no obstante que, si bien "el desendeudamiento con el sector privado si bien es positivo, no se da por una situación virtuosa de superávit fiscal", dice. "El problema fiscal sigue existiendo", dijo. En tal sentido, Milagros Gismondi, economista de la consultora Empiria, destaca que, en estas condiciones, el financiamiento del Banco Central termina siendo inflacionario, porque la entidad debe emitir pesos para cubrir las necesidades del Tesoro. Además, advierte, "el otro problema de incrementar el financiamiento intrasector público es que se están exponiendo los balances del Central y de la Anses, que pueden tener inconvenientes a futuro". Por primera vez desde 2008, según los datos difundidos ayer, el año pasado el financiamiento con los organismos multilaterales de crédito cayó en términos netos en US$ 99 millones, lo que significa que el país pagó más por capital e intereses que lo que recibió de nuevos fondos. Si bien la cifra es baja, el dato estaría confirmando el malestar que existe en los directorios de algunos organismos internacionales con respecto a la Argentina. Sin ir más lejos, el país es uno de los pocos que hace un año no tiene un programa con el Banco Mundial (generalmente la estrategia o programa marco se renegocia cada cuatro años). Países como España, el Reino Unido, Japón o Estados Unidos están frenando nuevos préstamos para la Argentina en protesta, entre otras cosas, por las trabas comerciales impuestas de facto por el Gobierno y porque el país no está cumpliendo con los fallos del Ciadi, el tribunal arbitral del Banco Mundial.. |