El cepo cambiario seguirá vivo para restringir los gastos en dólares considerados superfluos, como los pagos de las tarjetas o las compras turísticas en el exterior. Es en esos renglones en donde se cuidan las reservas, porque consideran que de ese modo ganan margen para todas las compras de gas que demande el invierno, o de las autopartes que requieren las terminales, la industria que tracciona tanto la producción fabril como el intercambio con Brasil.
Julio podría ser el primer mes sin caída de reservas. Pero es una señal temporal, porque la sangría continuará. La pregunta del millón es si este circuito podrá realimentarse a tiempo con divisas genuinas (más saldo comercial, inversiones, financiamiento externo) antes de que se agote el modelo de alimentar el consumo con producción ‘dolarizada’ a $ 5,50 para no reconocer otros costos internos.