Por: Carlos Burgueño - "No habrá ningún cambio de funcionarios; es necesario gestión y más gestión y ninguna locura electoral; no se admiten internas; apoyen a Guillermo Moreno, al blanqueo y al congelamiento de precios; hasta octubre, trabajar con agenda completa". Éstas fueron algunas de las muchas instrucciones que salieron ayer a la mañana desde Olivos dirigidas a todos los integrantes del equipo económico. Algunas fueron dadas personalmente por Cristina de Kirchner. Otras, por dos voceros especialmente designados: el secretario general de la Presidencia, Oscar Parrilli, y el jefe de Gabinete, José Manuel Abal Medina. Hubo un tercer vocero para cuestiones más técnicas: el vicepresidente Amado Boudou.
Los interlocutores del otro lado fueron los cinco responsables de la política económica: el titular del Palacio de Hacienda, Hernán Lorenzino; el viceministro Axel Kicillof; la presidenta del Banco Central, Mercedes Marcó del Pont; el director de la AFIP, Ricardo Echegaray; y el secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno. Todos recibieron las instrucciones sobre cómo encarar los casi dos meses y medio que restan para llegar a las elecciones legislativas del 27 de octubre casi como un bálsamo. Sucede que durante toda la mañana de ayer los rumores corrieron con la velocidad de los días complicados y hacían recrudecer varias de las internas dentro del equipo económico que aparecieron luego de conocerse los resultados del domingo por la noche.
Precisamente éste fue el principal capítulo donde la Presidente quiso dejar clara la posición: no debe haber lugar a ningún conflicto interno hasta octubre; y cualquier impresión que se reciba en este sentido en Olivos o la Casa de Gobierno será severamente castigada. Puntualmente, los comunicadores de la Casa de Gobierno apuntaban a algún tipo de asonada que podría aparecer en contra de Moreno y sus tres y polémicos frentes abiertos: el manejo del "blue", la marcha del blanqueo y el congelamiento de precios. La orden que dio Cristina de Kirchner ayer es que todos los funcionarios económicos defiendan las tres políticas con la misma vehemencia con que se protege el "modelo". Ya habrá tiempo, después de octubre, para conclusiones generales. Hoy la prioridad es volver a conseguir los votos perdidos, no resolver internas en el equipo económico.
Cristina de Kirchner también dio instrucciones para manejar la agenda financiera internacional, donde debe mostrarse la posición de dominio absoluto de la situación. En este capítulo hay tres momentos clave. El primero será en septiembre, cuando la propia jefa de Estado viaje hacia San Petersburgo para participar de la cumbre de este año del G-20. La de Rusia será la presencia mundial más importante de Cristina de Kirchner antes de las elecciones de octubre, en un escenario y un marco donde en general tuvo buena estrella. Este año, más que nunca, la situación debería repetirse y la posición argentina sobre la crisis financiera y económica mundial y contra el ajuste de los organismos financieros internacionales debería escucharse fuerte ante los líderes mundiales, con un tono que llegue además al conurbano.
Ese mismo mes, el Gobierno tendrá que hacer frente al vencimiento de deuda más importante del año. Será el 12 de septiembre, cuando deban pagarse unos u$s 2.000 millones correspondientes al Bonar VII, un bono emitido en 2006 durante la gestión de Roberto Lavagna en la presidencia de Néstor Kirchner. La intención oficial es que esa liquidación sea presentada como una garantía del compromiso oficial de cumplir con las obligaciones fiscales en divisas, en meses en los que la demanda de dólares crece y la oferta baja. Para la visión oficial, este pago debería funcionar como una muestra de la solidez y compromiso financiero del oficialismo ante un mercado que, a los ojos de Economía, se estaría mostrando más condescendiente que en los días anteriores a la elección de octubre de 2011.
El tercer evento internacional donde se debería mostrar dominio de la situación ante el electorado será en octubre próximo durante al cumbre de primavera conjunta del FMI y el Banco Mundial. La reunión será entre el 11 y el 13 de ese mes en Washington, y para la Argentina no será un encuentro más: en ese "meeting" el directorio del Fondo debería resolver si sanciona al país por no aceptar las revisiones previstas en el artículo IV y por no acelerar las reformas de su IPC nacional. La idea es que Lorenzino llegue a la capital norteamericana con una definición para el conflicto eterno sobre los cálculos inflacionarios en el país, que se evite la suspensión de la Argentina en el "board" y que haya lugar para algún tipo de declaración del país contra el organismo y sus ajustes.
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