Aunque siguen creciendo, se termina el boom de los emergentes
PARÍS - "El futuro es lo peor que tiene el presente",
afirmaba el escritor francés Gustave Flaubert a fines del siglo XIX.
Más de 100 años después, los dirigentes de las principales economías emergentes deben darle la razón.
"El crecimiento de los emergentes se terminó", afirma
Matthew Lynn, fundador del instituto Strategy Economics. Tras una década
de fascinación, durante la cual esos países apuntalaron una economía
mundial bajo tratamiento, los inversores han dado la espalda a los
mercados emergentes, con el subsiguiente deterioro de sus índices de
crecimiento, sus balanzas de pago y sus reservas.
Y mientras los emergentes se desaceleran, los países
centrales parecen salir de la crisis. "Estados Unidos, Japón y Gran
Bretaña muestran sólidos signos de recuperación", dice la OCDE. Además,
muchos países de la zona euro lograron salir de la peor recesión de su
historia en el segundo trimestre del año.
"La aceleración del crecimiento que todos esperábamos
en los mercados emergentes se está produciendo en el primer mundo",
señala Neal Soss, jefe economista del Crédit Suisse.
Hace apenas dos o tres años, esa declaración habría
transformado a su autor en el hazmerreír de sus pares. La verdad es que,
en 2012, Brasil, la India, China y Rusia produjeron un cuarto de la
riqueza global, una cifra que debería llegar a un tercio a fines del
decenio. China se transformará probablemente en la primera economía del
globo mucho antes, mientras que la India también debería continuar
creciendo.
En otras palabras, el crecimiento continuará, pero el
"boom económico" se terminó. En esas condiciones, muchos se preguntan si
la aventura de los países emergentes fue un milagro o simplemente una
alucinación.
"Ni lo uno ni lo otro. Hay enormes diferencias entre
esos países", afirma Michel Aglietta, profesor de Economía en la
Universidad de Nanterre. "El crecimiento chino fue de 10% durante 30
años. Hay una enorme regularidad en su crecimiento desde 1980. China es
un país que está más allá de un emergente y se ha transformado en una
gran potencia industrial."
El caso de los países productores de materias primas es muy diferente.
"Es muy difícil extraer un excedente de la renta para
colocarlo en inversiones productivas, a fin de desarrollar la industria
manufacturera, cuando se depende de fuentes tan fluctuantes en términos
de demanda mundial", precisa Aglietta.
Desequilibrios
Como Aglietta, la mayoría de los especialistas
coinciden en que la razón de la crisis de crecimiento que padece
actualmente la mayoría de los países emergentes está provocada por
desequilibrios de políticas económicas durables tales como la
insuficiencia de infraestructuras públicas, una inadecuación del costo
del trabajo al nivel de la producción, una insuficiencia de mano de obra
que termina provocando inflación, un escaso ahorro privado, que conduce
a un déficit exterior crónico y al riesgo de crisis del mercado
cambiario.
"Para evitar esas crisis de crecimiento, todos esos
países deberían organizar simultáneamente aumentos de salarios, mejorar
la calidad de su producción, el nivel de la educación, las
infraestructuras y la capacidad de utilizar el ahorro", afirma Natixis
en un reciente informe.
Para otros, tanto los BRICS como el resto de los
emergentes creyeron equivocadamente en la teoría del desacople: "La idea
de que los emergentes podían desacoplar sus economías de las de los
países centrales fue abusiva. La recesión en la zona euro, la casi
recesión en Gran Bretaña y Japón en 2011-2012 y el mediocre crecimiento
de Estados Unidos terminaron por golpearlos", afirma el economista
Nuriel Roubini.
Otro error: en lugar de aprovechar los años de bonanza
para acelerar el ritmo de reformas que alientan la productividad del
sector privado, aumentando su participación en la economía, la mayoría
de esos países prefirió encaminarse hacia una variante del capitalismo
de Estado.
"Casi todos dieron un rol importante a las empresas
públicas y recurrieron al nacionalismo económico, al proteccionismo, a
medidas de sustitución de las importaciones y al control de capitales",
dice Roubini.
Esa política, que actualmente falsea la actividad
económica y deprime el crecimiento potencial, se acompaña de otros
factores de debilidad, como importantes déficits presupuestarios, alta
inflación y riesgos de inestabilidad social, como se vio recientemente
en Turquía, Brasil, la India e incluso Sudáfrica.
Es difícil imaginar cuáles serán las consecuencias de
esta modificación del panorama económico global para el resto del mundo.
Podría representar tiempos mejores para los trabajadores de los países
centrales que han visto sus puestos de trabajo desaparecer por
centenares de miles en los últimos años.
También podría ser una esperanza para las incipientes
economías africanas, cuya mano de obra reemplazaría a los "ex
baratísimos obreros" de los BRICS. El comercio y la geopolítica quizás
entrarían en una fase de distensión a medida que los emergentes reduzcan
la presión económica en el mundo desarrollado.
Nadie sabe con certeza lo que sucederá. La buena
noticia es que el planeta parece estar entrando en una nueva fase de
crecimiento global, y eso será bueno para todos.
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