Con una suba de 24 centavos, el blue cerró a $ 9,45 para
la compra y a $ 9,52 para la venta, en un día en que el ruido generado
por el anuncio del canje parece haber influido menos que la retirada
de Guillermo Moreno.
A su vez, quien ayer quería dolarizarse a partir de las cuatro de la
tarde, después del cierre de las operaciones de la grandes cuevas de la
City, debía pagar $ 9,55 comprador y a $ 9,57 vendedor. Es que el
mercado paralelo también tiene una suerte de futuro de dólar.
Este tipo de operaciones se llevan a cabo siempre que se trate de montos
grandes y se conozca a los dueños de las cuevas importantes, ya que, de
lo contrario, el ahorrista novato en este metier deberá recurrir a los
arbolitos de la calle Florida o de Lavalle, que le pedirán casi $ 10 a
cambio de un billete con la cara de Franklin Delano Roosevelt.
¿A qué obedeció el alza tan grande que tuvo el blue? A que el secretario
de Comercio Interior, Guillermo Moreno, dejó de llamar a las
financieras presionando para que no operen, como solía hacer,
amenanzándolos con mandarles una inspección.
Según cuentan en el ambiente, ante los rumores de su posible renuncia
después de las elecciones de octubre, la intención del virtual ministro
de Economía sería demostrar su importancia en el gabinete: de no ser por
su accionar, el billete se iría a las nubes. Está buscando que
Cristina lo ratifique, conjeturan los operadores.
Por lo tanto, el mercado paralelo operó ayer en pleno. Los cuatro
mayoristas aprovecharon esta vía libre para despachar las órdenes de
compra de grandes empresas por varios palitos verdes que tenían frenadas
desde hace tiempo.
Los importadores, por ejemplo, compran todo el tiempo, lo mismo las
constructoras y financieras. Los textiles de Once no tanto, porque
manejan pesos y el dinero que tenían tomado pactaron devolverlo a un
valor de dólar celeste (intermedio entre el oficial y el negro), revela
un cuevero.
En el transcurso de la jornada (de ayer) el billete no se agachó en
ningún momento: fue todo pum para arriba. Y daría la sensación de que
hasta alcanzar el dólar Messi de $ 10 no va a para, describe un broker.
Por otra parte, no hay tantos oferentes que quieran deshacerse de sus
dólares: el que vende lo hace por lo mínimo indispensable que necesite
para pagar sus cuentas y nada más, porque tiene la sensación de que el
valor del billete seguirá creciendo.
Mis clientes (ayer) me compraron por u$s 30.000 y me vendieron sólo por
u$s 3.000, así que me tengo que estar calzando todo el tiempo para no
quedar descalzado, cuenta un cuevero, que no habla de los últimos
zapatos de moda ni nada por el estilo, sino que el calce es como se
denomina en la jerga al abastecimiento de dólares. Si yo me quedo en
pesos, el problema es la reposición de billetes, porque cuando quiero
volver a comprar a la financiera, resulta que volvió a subir. Por eso,
en este negocio hay que comprar cuando baja, porque a la larga después
va a volver al alza, cuenta.
En su caso, abandonó el local en la galería comercial de Florida (donde
atendía con arbolitos que le mandaban clientes) y dejó el microcentro
para pasar más desapercibido, lejos de los controles de la AFIP. Dice
que en el microcentro el gran problema son los arrebatos de los
punguistas, que cada vez son más, entonces ahora decidió atender desde
el macrocentro, que es la zona aledaña, por las avenidas Santa Fe y
Córdoba, pero se dedica principalmente al delivery, de modo de aportar
mayor seguridad, tanto a sus clientes como para evitar los robos hacia
él mismo. Suele ir con los billetes directo a los bancos, estudios
contables o jurídicos donde el cliente hace sus transacciones.