El jueves, el Gobierno enfrentará
el vencimiento de deuda más grande del año, cuando pague u$s 2.070
millones de Bonar VII. Sin embargo, las reservas caerían en menor
medida, ya que una parte de las divisas quedará en dentro del sistema
financiero local. Según estimaciones oficiales, la caída del stock sería
del orden de los u$s 1.500 millones, es decir, alrededor del 70% del
total. De esta forma, el nivel finalizaría levemente por encima de los
u$s 35.000 millones, contra los u$s 36.720 millones del último viernes.
Como la mayor parte de los bonos están en poder de tenedores
extranjeros, esas divisas que se giran hacen caer en forma automática
las reservas. Sin embargo, también la ANSES y algunos inversores
institucionales locales poseen estos papeles, por lo que en ese caso los
dólares que se pagan quedan depositados y no impactan negativamente.
Sin embargo, es posible que a lo largo de los días quienes cobraron se
terminen llevando los dólares, retirándolos del sistema y generando una
caída adicional de las reservas.
De hecho, el goteo de depósitos
en moneda extranjera continúa en forma lenta pero persistente. En la
última semana, la caída llegó a u$s 31 millones, un promedio levemente
superior a los u$s 6 millones diarios. Y en lo que va del año la merma
de colocaciones del sector privado ya llega a los u$s 1.218 millones,
habiendo finalizado en u$s 6.734 millones. Más allá del impacto en los
números del BCRA, una de las incógnitas es cómo impactará el derrame de
más de u$s 2.000 millones en el mercado, tanto local como internacional.
En este sentido, éstas son algunas de las cuestiones claves para tener
en cuenta:
La suba de bonos y acciones de las últimas
jornadas se atribuye al menos parcialmente en las compras que efectuaron
sobre todo inversores institucionales. Sucede que compañías de seguros y
fondos comunes salieron a vender los Bonar VII que poseían en cartera
para hacerse de los pesos a una cotización cercana a $ 9. Preferían eso a
cobrar los dólares, que tenían que tomar a un valor oficial de $ 5,70,
lo que hubiera representado una fuerte caída en el valor de la cartera.
Con los pesos que obtuvieron hubo compra de otros bonos dolarizados y
también de acciones.
Asimismo en el exterior se notó un
traspaso significativo, que benefició especialmente al Boden 2015. Este
título, que pasará a ser el más corto en moneda extranjera, volvió a
niveles de u$s 95. Es decir que recuperó prácticamente todo lo que había
perdido tras el anuncio del Gobierno de reapertura del canje, pero
especialmente del cambio de jurisdicción de deuda en moneda extranjera
por títulos similares bajo legislación local. Esta idea quedó en
suspenso hasta que se produzcan más novedades por parte de la Justicia
norteamericana en el juicio que llevan adelante los fondos buitre.
El
rally de acciones tuvo como explicación, al menos en parte, este
derrame derivado del pago del Bonar VII, pero no es la única causa.
También se notó un marcado interés de fondos del exterior que decidieron
tomar posiciones en la Argentina tras las elecciones primarias que
arrojaron una derrota para el Gobierno y la perspectiva de un cambio
político a partir de fines de 2015.
Queda por ver cuál
será el impacto del pago de este título en la cotización del dólar en
las cuevas. Por lo pronto, en las últimas jornadas se notó que
inversores individuales y también empresas decidieron comprar Bonar VII
en vez de hacerse de dólares, ya que la cotización de este título estaba
por debajo del precio en las cuevas. Por ejemplo, el viernes la
cotización cerró a $ 9,20, lo que representa un tipo de cambio implícito
de $ 8,89 (se pagan u$s 103,5 cada 100 dólares nominales), cuando el
dólar en las cuevas finalizó en $ 9,20. Sin embargo, al desaparecer este
instrumento, es probable que reaparezca en breve la presión sobre el
paralelo. Resta por ver si el CEDIN si finalmente se transforma en una
opción para canalizar esos pesos. Pero la lentísima marcha del blanqueo
hace que los pronósticos en este sentido resulten muy pesimistas.
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