• Agosto mostró uno de los crecimientos más bajos del año en el fondeo de los bancos; prevén otra suba de tasas
El escenario parece ahora bastante más
áspero para los bancos privados. Los excesos de liquidez que les
permitieron alcanzar en estos años uno de sus períodos de bonanza más
largos de la historia argentina empezaron a evaporarse y a poner sus
negocios bajo presión. En agosto, el crecimiento de los depósitos fue de
los más lentos registrados en el año y volvió a reflejar que los
argentinos son cada vez más reacios a dejar inmovilizados sus pesos
cuando no es a cambio de retornos que se acerquen a la inflación.
En
cajas de ahorro y cuentas corrientes, en donde las entidades no ofrecen
ningún tipo de resarcimiento a los depositantes, el stock apenas subió
un 1,1% en el mes; y en plazos fijos, en los que el "premio" siempre fue
visiblemente más bajo que la inflación, el avance fue de apenas un
4,7%.
Los depósitos volvieron a mostrar de esta manera una pobre
evolución frente al crecimiento sostenido que están teniendo los
préstamos (en gran parte, por el impulso de las líneas obligatorias que
exige el BCRA). El impacto empezó ya a verse en las tasas de interés de
casi todas las líneas, que subieron entre 100 y 300 puntos básicos sólo
durante el último mes. Y en el sector descuentan que este efecto se
profundizará aún más en los próximos meses, con nuevos ajustes, recortes
de cartera y un aumento en las condiciones que exigen a los tomadores
de los préstamos.
Sucede que hoy, además, el mayor dinamismo que
muestran los plazos fijos frente a las cuentas a la vista refleja
también el mayor costo que deben afrontar los banqueros por la
captación. La tasa con la que deben tentar a los ahorristas aumentó del
14% al 18% anual desde marzo hasta hoy y redujo los márgenes que
obtienen por el negocio de la intermediación.
Los banqueros
atribuyen la desaceleración a los menores niveles de emisión que se ve
obligado a convalidar el Banco Central. Esto porque, con el cepo
cambiario, el organismo oficial perdió desde el año pasado la
posibilidad de mantener la expansión monetaria en los niveles de
siempre. Principalmente, porque se ve impedido de inyectar dinero
mediante la compra de dólares en el mercado cambiario (el sector privado
no está dispuesto a deshacerse de sus divisas al precio que pretende
imponerle el Gobierno).
Esta menor cantidad de pesos en la
economía golpeó a tal punto el poder de los bancos para captar dinero
que el ratio de liquidez de este sector pasó del 17,6% al 10,5% en sólo
un año (ver infografía). El indicador, que en junio quedó en un 12%,
representa el dinero que las entidades pueden volcar a la colocación de
préstamos y está dado por el cociente entre la "tenencia de Letras y
pases" y los "depósitos en pesos".
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