La medida impulsada por Guillermo Moreno no ha generado un salto
exportador; las empresas trasladan los sobrecostos a los precios
internos
Es como pasar el dinero de un bolsillo a otro, pero perdiendo unas cuantas monedas en el camino. La obligación de exportar para compensar importaciones
, que forma parte de la batería de medidas oficiales para contener el
deterioro de la balanza de divisas, no ha generado un aumento de las
ventas al exterior. Por el contrario, la mayoría de los bienes
seleccionados para cumplir esa exigencia han mostrado una baja en sus
exportaciones y las empresas, además, han incurrido en nuevos costos,
que se trasladan a los precios internos.
Desde 2011 el Gobierno obliga
a las empresas a realizar exportaciones por un monto equivalente al de
sus importaciones. Se trata, como es habitual en las medidas fomentadas
por el secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno,
de un mecanismo que no está reglamentado, lo que genera
imprevisibilidad en las empresas. De hecho, según fuentes del sector
importador, compensar las compras al exterior ya no asegura la
aprobación de las declaraciones juradas de importación (DJAI). "Es una
condición necesaria, pero ya no suficiente, como hasta el año pasado",
dijeron.
Para cumplir con el "uno a uno", como se conoce al
sistema, muchos importadores le compran a un exportador su saldo
exportable y tratan de colocarlo ellos. Marcelo Elizondo, director de la
consultora Desarrollo de Negocios Internacionales (DNI), detalló una
lista de los grupos de productos más utilizados para compensar
importaciones. Entre ellos hay frutas, lácteos, carnes, bebidas
alcohólicas (principalmente vinos) y pescado. "Las exportaciones de la
mayoría de esos rubros presentaron caídas en 2012 y, en vista de los
datos del primer semestre de 2013, no parece que este año vaya a
revertirse la tendencia", dijo.
Salvo excepciones, los importadores no han desarrollado
un nuevo proceso productivo para compensar sus compras al exterior. Las
exportaciones que ahora ellos llevan a cabo eran realizadas por otras
firmas, por lo que el impacto en el comercio exterior del país es nulo.
"El sistema no generó un salto exportador", dijo Mauricio Claverí,
coordinador de Comercio Exterior y Negociaciones Internacionales de la
consultora abeceb.com.
"Es un mecanismo que no tiene capacidad para cambiar a
nivel global las tendencias de la economía", señaló, en tanto, el
director de Finsoport, Jorge Todesca. Y añadió: "Quienes empezaron a
exportar algo que no es de su rubro no generaron una mejora en la
competitividad, sino sólo un cambio en la titularidad de las
exportaciones".
La compensación, además, genera costos adicionales a
los importadores. Una persona que conoce los detalles del sistema lo
calificó como "antieconómico", porque creó costos innecesarios "que el
normal desenvolvimiento de los mercados no requería". Claverí señaló,
por ejemplo, que muchos importadores deben exportar a pérdida, porque el
precio al que compran los productos es mayor que el precio al que luego
los exportan. Una fuente del sector importador se refirió a los nuevos
gastos administrativos. "Obviamente está habiendo sobrecostos en
infinidad de situaciones y eso se traslada a los precios internos. Las
empresas no los van a cubrir de su bolsillo", dijo.
Jorge Vasconcelos, investigador jefe del Ieral
(Fundación Mediterránea), dijo que el sistema de compensaciones "no ha
generado una incidencia relevante en la macroeconomía", y destacó que,
de hecho, los sectores productores de bienes transables, es decir, la
industria, el agro, la minería, la pesca y los hidrocarburos, han
perdido participación en el PBI en los últimos años. Vasconcelos resaltó
que también se redujo el nivel de apertura de la economía (medido a
través de la relación entre comercio exterior y PBI) y que eso hace que
"cuando la Argentina deba corregir el tipo de cambio, va a tener que
hacer un ajuste más severo que si hubiera tenido un nivel de apertura
mayor".
Un operador de comercio exterior que pidió no ser
nombrado destacó que, más allá del nulo impacto sobre las exportaciones,
el "uno a uno" genera un efecto negativo sobre la inversión, porque
altera el normal desempeño de las empresas.
Aunque no aumentan su volumen de ventas al exterior,
algunas de las empresas que "ofrecen" su saldo exportable a los
importadores cobran a cambio una comisión que puede llegar hasta el 12%
del precio del producto, lo que, en la práctica, según los analistas,
implica una mejora en el tipo de cambio que reciben por sus
exportaciones. Otras empresas no cobran esa comisión porque su beneficio
radica en que, al vender sus productos en el mercado doméstico, pueden
recuperar inmediatamente el IVA y no deben esperar a que la DGI apruebe
la devolución impositiva.
No todas las empresas cumplen con el "uno a uno"
comprando su saldo exportable a otra firma. En unos pocos casos el
sistema ha sido utilizado por las empresas para fomentar las
exportaciones de proveedores locales de productos relacionados con su
negocio. Sin embargo, los analistas aseguran que el sistema "no ha
movido la aguja de las exportaciones".
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