Como causantes de este descenso figuran dos factores. Por un lado, el presidente del Banco Central Europeo (BCE), Jean-Claude Trichet, ha asegurado que la institución monetaria no descuidará el impacto que la escalada del petróleo puede tener en la economía. El mercado ha interpretado estas palabras en clave de que, posiblemente, el BCE seguirá sin mover los tipos de interés, que están en el 2% en la zona euro desde junio de 2003. En este sentido, la reunión de política monetaria que celebrará la junta de gobernadores del BCE este jueves aportará más pistas.
Por otro, la decepcionante reunión del G-7 en Washington. Este organismo ha vuelto a hacer un llamamiento para que China flexibilice su política cambiaria, que mantiene a su divisa -el yuan- anclada frente al dólar desde mediados de los noventa. Pero su reclamación no ha sido muy exigente, lo que ha defraudado a los mercados. La gravedad del déficit por cuenta corriente de Estados Unidos -que alcanza el 5,5% del PIB norteamericano- requiere las medidas oportunas para reequilibrarlo, y el mercado entiende que no se ha hecho hincapié suficiente en ello, de ahí la reacción alcista del dólar.

