Por Por Julián Guarino - A fines de este mes vencen los mandatos de tres directores del Banco Central. Dos de ellos ya son parte de la historia. Se trata de Carlos Pérez, ex mano derecha de Martín Redrado, y Carlos Sánchez, quien mantuvo una disputa con Marcó del Pont autorizó giro de dividendos en dólares sin consentimiento y quedó relegado en el directorio. El caso de Pérez merece un párrafo, porque en la autopista subterránea que conecta la Casa Rosada con el Banco Central se han desgranado algunos elogios a su gestión en función del acompañamiento que hizo de las decisiones del Gobierno con posterioridad a la entrada de Marcó del Pont. El único pecado de Pérez es, como ya se dijo, que se trata de un redradista de primera hora, y como en este momento Redrado es parte del equipo económico de Sergio Massa, Pérez terminaría siendo un redradista-massista lo que lo aleja definitivamente del directorio del Central. La tercera en sintonía es Gabriela Ciganotto, que es la única que renovará su sillón por otros seis años. Esta directora y vicepresidenta segunda de la entidad considerada la línea pura del kirchnerismo en el BCRA, aparece ahora bajo el ala de Kicillof, si bien su relación con la presidenta es directa y data de viejas épocas. Oriunda de Caleta Olivia, y de excelente relación con los Kirchner, pasó en tiempos de Néstor por la Cámara de Diputados de la Provincia de Santa Cruz, la Secretaría de Hacienda de la Municipalidad de Caleta Olivia y el Ministerio de Economía de la Provincia de Santa Cruz. Ya en Buenos Aires, ocupó sucesivamente los cargos de directora, vicepresidente y presidenta del Banco de la Nación Argentina, por decisión de Cristina, antes de llegar al Banco Central en 2007. Pero la historia de las últimas semanas la escribe la avanzada del viceministro Kicillof. Sin duda, su sanguínea impronta y su adicción al powerpoint ya son vox populi en el Central, donde participa asiduamente de las reuniones de directorio. Fue Kicillof quien desembarcó en el BCRA en junio de este año, cuando por decreto, la Casa Rosada colocó a Pablo López, un hombre vinculado al soviético, en el directorio de la entidad. López se desempeñaba como director nacional de Política Macroeconómica de la Subsecretaría de Programación Macroeconómica de la Secretaría de Política Económica en el Ministerio de Economía, bajo las órdenes de Kicillof. Licenciado en Economía de la Universidad de Buenos Aires, López es profesor adjunto de Macroeconomía en la Facultad de Ciencias Económicas y se especializó en historia económica y en mercados de capitales. Si bien con López y Ciganotto la mesa chica del Central aparece alineada, la noticia es que en los últimos días el pedido del viceministro Kicillof habría llegado a la Casa Rosada. Una persona de su riñón, la candidata a segunda senadora por la Ciudad de Buenos Aires, Paula Español, es la que suena con más fuerza para ocupar una silla en el directorio del Central. La compañera de fórmula de Filmus, que renunció a la gerencia de Cammesa para ser candidata, se dio cuenta de que si el kirchnerismo pierde en Capital, las posibilidades de ocupar una banca en el Congreso son nulas y hay quienes han visto su currículum circulando en algunos despachos. Según se supo, Kicillof la postula para el directorio del Banco Central, pero el plan B es que acompañe a Mauro Alem en el BICE. Español conoce a Kicillof de la Facultad de Económicas de la UBA y si bien ya había sido trasladada de la subsecretaría de Comercio Exterior para pasar a Cammesa, los números de las PASO la animaron a ir por más. Como siempre, la última palabra es la de la presidenta. Otro que no le va en zaga y cuyo resumé también circula es el economista Emmanuel Álvarez Agis, subsecretario de Programación Económica, quien tuvo su primer trabajo en Edenor y pasó por la Sociedad Internacional de Desarrollo (SID). El tutor de su tesis en diciembre de 2006 en la Facultad de Económicas fue, obviamente, Kicillof. El trabajo llamado La trayectoria de la tasa de ganancia en la Argentina post convertibilidad mereció un 10 por parte del viceministro y ahora también forma parte de la dupla que propone Kichi para el BCRA. La escuela Kicillof en el BCRA no sólo se ha mostrado renuente a convalidar un aumento de las tasas de interés (algo que, sotto voce, consensuaba el Central para poder quitarle presión al dólar blue) sino que azuzó a los bancos al asegurar que las entidades muchas veces se inclinan a la timba financiera con créditos usurarios. Padre intelectual del desdoblamiento cambiario, el funcionario había acusado a las bancos de tener vasos comunicantes con las grandes cuevas que comercializan el dólar blue. A partir del próximo lunes, el directorio un cuerpo de 10 miembros y hoy formado por 8 quedará integrado por ejecutivos designados en su totalidad por el Poder Ejecutivo, es decir, que no recibieron el aval parlamentario que prevé la Constitución. Entre ellos se cuentan su presidenta Mercedes Marcó del Pont cuya presidencia ya acumula 3 años sin que su pliego fuera tratado por el Congreso, su vicepresidente, Miguel Pesce, y de quien tiene a su cargo la Superintendencia de Bancos, Santiago Carnero. En rigor, y aunque resulte paradójico, es la propia Carta Orgánica del BCRA, la que propone en su artículo 7 la obligatoriedad del aval del Parlamento . La iniciativa de Kicillof arrimando dos directores a la lista de candidatos con posibilidades de manejar los hilos de la política monetaria no parece que vaya a cambiar la desobediencia. |