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| El búmeran de las distorsiones en los precios |
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25/09 - 09:12 Ambito Financiero |
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Por: Fernando Navajas - La economía argentina siempre ha sido un laboratorio y la última década ya ha aportado lo suficiente como para pasar a la historia. Esto es así no sólo por varias rarezas disfrazadas de política macroeconómica sino también y en especial en materia de formación (o mejor dicho des-formación) de precios. Los ejemplos recorren casi todos los espacios sectoriales en bienes y servicios. En el sector energético, el campo experimental para fijar y distorsionar señales de precios ha sido casi ilimitado. Nuestra política de precios de la energía en estos años estuvo diseñada por una élite política muy mal educada en materia de regulaciones y fijación de precios. Hoy estamos entrando en una etapa en donde se está empezando a destapar una olla a presión en la que se cocinaron precios que ya no se dejan apretar más. Años de distorsiones de precios se vienen ahora como un efecto búmeran sobre la economía.
Entre las cosas raras que han ocurrido está la política de fijación de precios de los biocombustibles, que desde 2012 está basada en una ensalada arbitraria de valores, se dice que hecha a la medida de las necesidades de corto plazo de la petrolera estatal. Frente a esto se ha levantado el reclamo del sector de biocombustibles que se centra en las distorsiones creadas por la desgravación de impuestos (IVA y combustibles) del gasoil importado que compite con la oferta local de biocombustibles. Se ha dicho que hacer esto es ineficiente y perjudicial tanto en materia de balance externo como fiscal, los dos cucos macroeconómicos de la Argentina a los que el sector energético contribuye sustancialmente. Lo es para el caso externo porque el sector está con capacidad ociosa dado que las exportaciones han sido restringidas por medidas proteccionistas en Europa y bien podría sustituir importaciones. También lo es en el plano fiscal, porque desgravar el gasoil importado es una distorsión que no sólo hace perder recursos fiscales. El gasoil debería pagar un impuesto a los combustibles más alto que el biodiesel si éstos se diseñaran con una lógica más ambiental, como debería ser el caso si uno sigue los detalles de un trabajo que publicamos en FIEL con Mónica Panadeiros y Oscar Natale.
El reclamo del sector en pos de evitar distorsiones de precios es razonable. Y sería casi ejemplar si no fuera por el hecho de que el sector y sus asesores quieren mirar la película desde este momento y no desde que empezó. La película completa hay que mirarla entendiendo también las distorsiones de precios e impuestos que llevaron de manera desenfrenada a construir una capacidad de producción que ahora no se puede utilizar. Estas distorsiones incluían tratamientos diferenciales en materia de retenciones, impuestos a los combustibles e IVA y Ganancias, y eran tan fenomenales que dieron por lo tanto lugar a un también fenomenal proceso de inversión. El sector, como un todo, usó el argumento de que el movimiento hacia biocombustibles era una operación de diversificación de la matriz energética del país, mientras que los economistas de la energía pensábamos que más bien era una operación de diversificación de negocios del sector sojero-aceitero, porque la de la matriz energética pasa por otro lado. El Gobierno piensa ahora más parecido a esto último, cuando en realidad lo debería haber aclarado antes y no después de las inversiones. El caso es otro ejemplo de políticas inconsistentes en donde un Gobierno plantea una política de promoción de inversiones que va a querer modificar luego de que las mismas se lleven a cabo. El sector quedó atrapado en este problema porque vio que podía recuperar rápido la inversión, pero eso no pudo ser para los que llegaron tarde y de modo menos integrado a entrar en el proceso de inversión.
En suma, el efecto boomerang es que esta política de precios e impuestos distorsionados que sufre el sector de biodiesel no es otra, sino la misma que llevó al sector a realizar grandes inversiones. Reconocer esto es muy importante para el debate de políticas públicas porque es una lección que indica que los desarrollos sectoriales hay que plantearlos en el marco de instituciones y políticas eficientes a largo plazo, algo que gran parte del sector privado argentino ha olvidado después de tantos años de convivir y adaptarse a la discrecionalidad. Aún así, el sector de biocombustibles tiene un punto muy fuerte con respecto a lo mal que está haciendo el gobierno al subsidiar el gasoil importado. Desde una óptica económica ahora el capital del sector de biocombustibles ya está "hundido" y por lo tanto disponible a costo muy bajo, con lo cual no importa que haya sido creado por señales de precios distorsionadas. Lo importante ahora es ver cómo usarlo de modo eficiente y la política energética está fallando también en este tema. Esto es así porque tenemos la capacidad productiva de procesamiento de crudo lastimada producto de una política de desinversión de muchos años, y va a llevar tiempo recomponerla. Así, desde un punto de vista económico es claro que lo mejor para la economía es movilizar la capacidad ociosa del sector de biocombustibles elevando el porcentaje de cortes y dejando competir al sector gravando el gasoil importado, poniendo impuestos a los combustibles según el impacto ambiental y dejando que YPF y el sector hidrocarburífero jueguen el verdadero partido de la innovación y la competencia. (*) Economista de FIEL. |
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