Por Hernan de Goñi - Cuando fue presentado en sociedad, el blanqueo de capitales fue recibido con escepticismo. Ese fue el sentimiento mayoritario. Pero entre inversores, empresarios y analistas hubo dos factores que también abrieron una expectativa moderada. El primero fue que mostró, de parte del Gobierno, una clara preferencia a favor de aplicar una solución de mercado en lugar de una alternativa intervencionista, como lo era reinstalar la Junta Nacional de Granos para absorber todas las divisas del campo. El segundo hecho fue que los referentes económicos que nutren las decisiones de la Presidenta fueron obligados a mostrarse unidos por primera vez desde que ocupan sus cargos, dando lugar a que se especulara sobre un rebalanceo de la influencia que cada uno mostraba hasta ese momento. El blanqueo terminó formalmente ayer. A la luz del optimismo inicial de Guillermo Moreno, que prometía instalar al Cedin como sustituto del blue, fue un fracaso. Pero el resto del equipo de gestión no hizo nada más por alentarlo. La pregunta de hoy es qué camino buscarán ahora para recuperar algunos de los dólares fugados.
En la City consideran que Cristina no gana nada sacrificando funcionarios antes de las elecciones. Pero ya perciben que habrá menos telefonazos por los que preocuparse.
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