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| Tipo de cambio y pobreza: de eso no se habla |
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12/10 - 10:04 La Nación |
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Por Julio Dreizzen - Para LA NACION - Parecería que ciertos economistas argentinos están empeñados en imitar a la protagonista de la película "De eso no se habla", de María Luisa Bemberg: una madre que no habla de su hija enana y que tampoco les permite hacerlo a los demás. El argumento central que hoy se esgrime hasta el hartazgo en los medios es que el tipo de cambio real alto ha sido un elemento central en la estrategia que nos permitió alcanzar los logros en la macroeconomía de corto plazo de los últimos dos años en nuestro país. Gracias a la devaluación del peso se obtuvo un enorme superávit fiscal, una importante recuperación de la competitividad del sector productor de bienes transables internacionalmente (agro e industria) y se quebró la tendencia al alza del desempleo.
No es el objeto de esta nota evaluar las ventajas y desventajas de tipos de cambio fijos o flexibles, altos o bajos, o de políticas que se sustentan gracias a excedentes de oferta en el mercado de trabajo que permiten sostener remuneraciones deprimidas. Pero debemos romper con ese precepto que ordena: de eso no se habla. Y eso es el salario real, cuya correlación negativa con el tipo de cambio real ha sido reiteradamente enfatizada en el pasado por los economistas que hoy se niegan siquiera a mencionarla.
La contracara
Hablar de tipo de cambio real alto es equivalente a hablar de salario real bajo, ya que el tipo de cambio real sólo puede ser alto cuando los precios de los productos transables que se rigen por la cotización externa de nuestra moneda (agro e industria) se ubican en niveles altos en relación con los costos de producción internos que están principalmente determinados, directa o indirectamente, por los salarios.
Así, si llamamos a las cosas por su nombre, la caída del salario real de 2002 y el aumento de la pobreza es el núcleo duro de la actual política económica, que ha permitido importantes logros económicos tales como los excedentes fiscales primarios de la Nación y las provincias, el aumento de la rentabilidad de los productores de bienes exportables y sustitutos de importación y la recuperación del empleo como resultado del aumento de la competitividad-precio de los sectores de mano de obra intensivos.
Más allá de las ventajas evidentes de administrar una economía con tipo de cambio real alto, en particular si nos referimos al potencial de acumulación y crecimiento en el largo plazo, sorprende la ausencia de referencia a la incidencia de la caída en el salario real y del costo laboral (baja del 41% en el sector transable) cuando se pretende explicar las significativas mejoras en ciertas variables macroeconómicas de corto plazo. Hablar de tipo de cambio real alto resulta "políticamente" correcto, no así de salarios reales deprimidos ni de niveles récord de pobreza e indigencia, que son los costos no explicitados de los avances en distintas áreas de la economía. Llamemos las cosas por su nombre. Sólo así podremos evaluar adecuadamente no sólo los beneficios, sino también los costos de ciertas políticas económicas.
El autor es economista, ex subsecretario de Financiamiento.
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