Por: Jorge G. Herrera - Como un "déjà vu" de los 80, el estrangulamiento del sector externo complica a la economía que se debate entre el drenaje de las reservas, el cepo cambiario y el devenir del dólar informal. Lo cierto es que el comercio exterior no logra salir del estancamiento que evidencia desde hace meses. Dos factores colaboran íntimamente con la pérdida de divisas y explican parte del agujero externo: el creciente déficit energético y el del sector turismo. Pero el magro desempeño exportador refleja que algo no está funcionando como debiera. Es así como en los primeros tres trimestres del año se acumuló el menor superávit comercial de la gestión kirchnerista con poco más de u$s 7.100 millones.
Al analizar la performance de las ventas externas totales, por ejemplo, de los últimos siete años, se observa un ciclo positivo hasta que detonó la crisis financiera mundial en 2008, que tocó piso en noviembre 2009. Allí, las exportaciones acumuladas de los últimos doce meses ascendieron a u$s 55.000 millones promedio. A partir de ese momento, las exportaciones crecieron hasta alcanzar un pico de casi u$s 85.000 millones promedio de los últimos doce meses en el primer trimestre de 2012. Desde ese momento hasta la actualidad, muestran una caída del 2%. Sin embargo, al excluir las exportaciones agrícolas y de autos, la caída se aproxima al 10%.
Para los analistas, el pobre desempeño de las exportaciones responde a un mix producto de un atraso cambiario, que junto con las mayores regulaciones y trabas comerciales y la menor apertura de la economía conspira contra los embarques al exterior.
A fines de 2009, las ventas externas agrícolas y de autos representaban poco más del 42% del total. En el máximo del ciclo, marzo 2012, pasaron a ser el 50% y en la actualidad son más del 54%. Por un lado, la dependencia de los embarques de cereales y oleaginosas, y de autos, es clave para vislumbrar el futuro del balance comercial. Pero por otro lado, esto es la contracara de que el resto de las exportaciones está en franco declive, debido precisamente a cuellos de botella sectoriales, a restricciones comerciales y el deterioro de la competitividad. Al respecto, vale señalar que el tipo de cambio real bilateral con el dólar se ubica, según un informe del Estudio Broda, ya en niveles cercanos al de la convertibilidad. Mientras que el tipo de cambio real multilateral, según dicho informe, está aún un 44% por encima del uno a uno, ajustado por IPC, y sólo un 14% si se ajusta por salarios. Dos años atrás, estas paridades estaban un 81% y un 40% por sobre el de la convertibilidad. En relación con el principal socio comercial, Brasil, el tipo de cambio bilateral hoy es un 69% mayor que el de la convertibilidad (tras haber estado años atrás en más de un 150%).
Sin duda, este panorama conspira contra la esperanza de recuperar el ingreso de divisas producto del saldo comercial de los últimos años. Porque el déficit energético y el turístico, tras irrumpir sorpresivamente en la escena económica local, parece que permanecerán por algún tiempo, siendo el segundo el de más fácil corrección. Pero por lo visto a lo largo del año, donde las exportaciones agrícolas crecieron un 12% y las de autos un 23%, sólo lograron compensar el derrumbe de las ventas de combustibles y energía, que cayeron un 22%, mientras que el resto de las ventas externas se redujo un 5%. Del otro lado, las importaciones dan cuenta de que las vinculadas al sector energético aumentaron un 25%, mientras que el resto solamente un 8% atemperando el deterioro del saldo comercial.
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