En rigor, al principio, no fue una sonrisa: apenas se le torcieron las comisuras que rodeaban su boca, cruzó por su mente un momento, hace siete meses, cuando casi perdió su trabajo por una movida política de su jefa, la presidenta del Central y fue ahí que, involuntariamente, sopesó la posibilidad de retornar al gesto previo, ese que todos le conocen, de hombre serio y algo enojado con la vida. Pero inmediatamente pasaron por su mente los últimos años, las batallas libradas en el campo del pragmatismo ante esos molinos de viento que son los dogmáticos de paso corto, la descolorida herencia de Martín Redrado y sus últimos días, los cortocircuitos con Marcó del Pont. Por primera vez respiró aliviado al saber que la arrostito, como le decía el ex secretario Moreno, inquietaba el pasillo con la mirada puesta en las últimas cosas, vaya a saber si, también, con cierto alivio. Pero lo concreto para los banqueros que ayer, encaramados en las mesas de dinero, buscaban autorización para llevarse algunos dólares era el extraño clima de algarabía que llegaba del otro lado de la línea telefónica. Uno podía casi tocarlo.
Como se dijo se festejó la salida de Marcó del Pont, pero un manto de prudencia hizo que no se incluyera en el agasajo a la llegada de Juan Carlos Fábrega. El mendocino arribó temprano a la entidad y permaneció allí buena parte del día, enfrascado en una extensísima reunión con Marcó del Pont. Una foto debía ponerle el broche a una gestión, la de Marcó, donde se perdieron u$s 15.000 millones en reservas y colocarla en el plano sucesorio junto al flamante titular del Central, quien deberá recomponer la confianza en la gestión de la política monetaria, todo un desafío. Del mendocino se conocen varias cosas pero nadie se anima a fantasear.
Para los que pisan el mercado cambiario, sus características son menos importantes que el sillón que le toca ocupar. Aquí y allá se especula con sus alfiles, el tridente Juan Basco, Jorge Rodríguez y Juan Carlos Isi.
Sobran preguntas. Algunas tendrán respuesta pronto. Otras deberán esperar. Por ejemplo, hay quienes ahora plantean ahora la duda sobre el futuro de Paula Español, la economista que Kicillof quería en el directorio del BCRA y que ahora, podría ocupar otro cargo vacante dentro del ministerio de Economía. La ex compañera de fórmula de Filmus, que había renunciado a la gerencia de Cammesa para ser candidata, se postuló para el directorio del Banco Central. Español conoce a Kicillof de la Facultad de Económicas de la UBA y si bien ya había sido trasladada de la subsecretaría de Comercio Exterior para pasar a Cammesa.
Bajo la presidencia de Marcó del Pont, fue Kicillof quien desembarcó en el BCRA en junio de este año, cuando por decreto, la Casa Rosada colocó a Pablo López, un hombre vinculado al soviético, en el directorio de la entidad. López se desempeñaba como director nacional de Política Macroeconómica de la Subsecretaría de Programación Macroeconómica de la Secretaría de Política Económica en el Ministerio de Economía, bajo las órdenes de Kicillof. Licenciado en Economía de la Universidad de Buenos Aires, López es profesor adjunto de Macroeconomía en la Facultad de Ciencias Económicas y se especializó en historia económica y en mercados de capitales.
Otro de los que suena es el economista Emmanuel Álvarez Agis, subsecretario de Programación Económica, quien tuvo su primer trabajo en Edenor y pasó por la Sociedad Internacional de Desarrollo (SID). El tutor de su tesis en diciembre de 2006 en la Facultad de Económicas fue, obviamente, Kicillof. El trabajo llamado La trayectoria de la tasa de ganancia en la Argentina post convertibilidad mereció un 10 por parte del viceministro y ahora también forma parte de los candidatos a ocupar puestos.

