Al conocerse su designación, desde el entorno de Kicillof aseguraron que no habrá desdoblamiento cambiario aunque hace sólo unos meses abogaban por ello ni una devaluación brusca para darle más competitividad a la economía. Más allá de su conocido apego por el intervencionismo estatal, persisten las dudas acerca de cuáles serán sus próximos movimientos.
"No va a ir por ese lado. No habrá desdoblamiento ni una aceleración de la devaluación", explicaron cerca del funcionario al ser consultados por este diario. "El objetivo es mantener la línea de crecimiento sin descuidar la inflación. No se va a impulsar el crecimiento económico a costa de descuidar a la población", destacaron.
En esa línea, hace tres casi tres años cuando prácticamente era un desconocido para la opinión pública y se desempeñaba como docente e investigador de la Universidad de Buenos Aires y del Conicet, escribió una columna de opinión en el diario Página 12 en la cual se refirió a la inflación como el principal talón de Aquiles del modelo de tipo de cambio alto y retenciones instaurado tras la crisis del 2001/2.
Aunque en un contexto muy diferente porque todavía no estaba instaurado el cepo cambiario y el nivel de reservas lucía saludable, la columna escrita en diciembre del 2010 da cuenta de sus ideas respecto a la economía argentina.
Para el ex profesor de Microeconomía y Macroeconomía de la Facultad de Ciencias Económicas de la UBA, "la megadevaluación de 2002 dio inicio a un ciclo de extraordinario crecimiento del Producto, el empleo y el salario". "Lo fundamental es que el dólar caro generó una verdadera barrera de protección cambiaria que, sumada a los salarios deprimidos y a la capacidad ociosa existente, generaron un espacio de rentabilidad que dinamizó algunas producciones domésticas. Los sectores industriales dirigidos al mercado interno que prosperaron al cobijo del dólar caro le dieron su impronta al período intensificando la creación de empleo y, por consiguiente, el crecimiento del salario", agregaba por ese entonces.
En el mismo artículo, el ministro de Economía se mostraba como un firme defensor de las retenciones por lo menos en un contexto de precios internacionales altos, por lo cual el campo no debería especular con una baja porque a pesar que los precios de las commodities retrocedieron aún continúan siendo relativamente elevados.
El artículo sigue teniendo relevancia tres años después porque según dejaron trascender sus allegados, el ministro "no se moverá ni un milímetro de su teoría" y conservará su tinte industrialista a favor de la sustitución de importaciones.
En el 2010, Kicillof desestimaba las medidas ortodoxas para explicar o bajar la inflación a la que mostraba como la debilidad del esquema "porque socava la protección cambiaria". En este punto, sostenía que no se podía señalar como responsable de la suba de precios a la emisión monetaria, al aumento de los salarios así como tampoco al incremento del gasto público. Ya en su periodo al frente de las clases de la UBA, Kicillof se mostraba en contra de los modelos económicos ortodoxos y se esmeraba en explicar las teorías de John Maynard Keynes aunque mostrando sus contradicciones.
Para el ministro, el impulso inflacionario en 2010 se explicaba por la llamada inflación importada potenciada por la inflación cambiaria, a lo que se sumaban los efectos nocivos de la expansión sojera, por lo que el remedio más directo y efectivo para la inflación eran las retenciones.
En este punto, para el ahora ministro la solución no pasaba por más apreciación porque produce recesión ni tampoco por una mayor devaluación porque se trasladaría a salarios y costos, lo que coincide con la idea de no acelerar la depreciación que hace meses se mantiene firme.
"La única salida es la planificación. Acaso para algunos esta palabra suene bizarra en el siglo XXI, pero lo cierto es que todas las experiencias exitosas de desarrollo tardío en la historia del capitalismo mundial estuvieron precedidas por políticas explícitamente destinadas a fomentar determinados sectores mediante una amplia batería de medidas de promoción. Es hora de poner en discusión con mucha mayor precisión el camino de la industrialización. La herramienta para hacerlo, la única que funciona a mediano y largo plazo, es la planificación desde el Estado, dirigiendo los recursos hacia el desarrollo productivo", concluía en el 2010.

