El ministro Figueiredo sostuvo que los que pidieron suspender las gestiones entre las dos regiones, eran los líderes de la UE. Dijo que estaba en la conferencia de la Organización Mundial del Comercio cuando el comisario europeo Karel De Gucht le planteó suspender el encuentro previsto para la semana próxima en que Europa y el Mercosur debían intercambiar proyectos de liberalización comercial y dar así un envión decisivo al acuerdo interregional. Los europeos dijeron, en cambio, que ellos no habían desistido y que están a la espera de “buenas noticias” procedentes del Mercosur para acelerar el tratado de libre comercio.
Hasta el momento, la UE prefiere identificar como único actor de los nuevos retrasos a la Argentina. Al gobierno brasileño le habían anticipado que la UE no iba a aceptar una participación “parcial” de Buenos Aires en el acuerdo. Ocurre que tanto Brasil como Uruguay y Paraguay propusieron una plataforma con Europa que cumple con los requisitos económicos y formales para constituir una zona de libre comercio. Los tres socios ofrecieron reducir los impuestos aduaneros para 90% de los productos intercambiados entre los dos bloques. Argentina, en cambio, va a la retranca con una apertura que englobaría no más de 80% de esos bienes. Para superar el estancamiento que implicaba la postura del gobierno argentino, los socios del Mercosur ensayaron un eufemismo: dijeron que el bloque iría en dos velocidades, una rápida (de Brasilia, Asunción y Montevideo) y otra más lenta (Buenos Aires). La UE respondió, ante esa “fórmula” sudamericana, que prefería ver “afuera” a la Argentina.
El miércoles, mientras Figueiredo explicaba las razones de la “avería” en el proyecto de unión económica y comercial con Europa, representantes de los cinco países del Mercosur, incluida Venezuela, intentaban destrabar los nudos que impiden avanzar en esa iniciativa. Según explicaban diplomáticos de Brasil, la Argentina logró avanzar en una oferta “más abarcadora”, pero con ser positiva no resultó suficiente. “Tiene que hacer una propuesta mayor, para que sea realmente satisfactoria” indicaron. Según se dijo, el principal escollo argentino reside en la protección de sectores industriales considerados “sensibles” y que podrían complicarse en un proceso de apertura con Europa. Del otro lado, las dificultades proceden de franceses y polacos, que resisten a realizar concesiones agrícolas.
Ayer, en un comunicado, las autoridades europeas indicaron que siguen “empeñadas” en avanzar hacia un tratado que unifique comercialmente los dos grandes bloques. Según el portavoz John Clancy hay “una fuerte decisión política” de “varios países del Mercosur” para avanzar en esa dirección. Según el canciller Figueiredo, las reuniones podrían retomarse a fines de enero.