| Por Néstor Scibona - Ya sea por cinismo, incompetencia, autismo ideológico o falta de voluntad política -o por todo a la vez-, sólo el gobierno de Cristina Kirchner puede creer que fijar precios máximos cada tres meses para un puñado de 201 productos sería eficaz para combatir la inflación, ignorada en discursos y declaraciones oficiales desde hace siete años. Y que busque transformar ese "acuerdo" unilateral en otra deshilachada gesta política, justo cuando 2014 arranca con aumentos de 66% en las tarifas de colectivos, de 35% en los peajes hacia la costa atlántica y 10% en los combustibles, además de ajustes postergados en telefonía celular y medicina prepaga. Como si se tratara de una biopsia, la Secretaría de Comercio congelará transitoriamente hasta abril y controlará luego una pequeña partícula del universo de precios de la economía. Pero deja al resto en una nebulosa, en medio de la aceleración inflacionaria causada por las propias políticas oficiales (abuso de la "maquinita" del BCRA para financiar el déficit fiscal, presión tributaria récord y mayor devaluación). Si bien la variante del "acuerdo" por un año con revisiones trimestrales, caso por caso, reconoce el rotundo fracaso del congelamiento masivo impuesto por Guillermo Moreno en 2013 (que arrancó con una inflación del 2% mensual y desembocó en 2,5/3,5% entre octubre y diciembre), también admite implícitamente que el tipo de cambio oficial sube más que la inflación y encarece insumos importados. Y que la negociación salarial en las próximas paritarias aún es una incógnita, tras el conflicto policial en casi todas las provincias que eleva el piso de los reclamos sindicales. Con esta módica dosis de realismo, entre los precios fijados por la Secretaría de Comercio hay un poco de todo, aunque predominan las incógnitas, comenzando por la nueva suba del gasoil, que impacta en los fletes. Algunos valores son similares (café, aceites, huevos, conservas en lata) a los que ya facturan los supermercados. Otros, más altos (cervezas, fiambres, queso rallado), sugieren convalidar algunos "colchones" previos para darle más durabilidad al acuerdo, aunque a riesgo de elevar el techo para otras marcas ajenas al listado. Más audaz, en cambio, es haber incluido frutas, verduras y hortalizas (lechuga, tomate, papas, morrones, manzanas, etc.), que, por razones estacionales o climáticas, suelen mostrar grandes variaciones de precios y abastecimiento. Sin embargo, también hay problemas en ciernes con varios precios fijados por debajo de los vigentes (azúcar, galletitas, fideos, gaseosas, etc). Por un lado, porque como la demanda se orienta a los productos más baratos, son los que más rápido desaparecen y obligan a buscar sustitutos más caros en las góndolas. También porque les ponen un techo más bajo a las segundas marcas y son un desincentivo para que las empresas líderes incluidas inviertan para aumentar la oferta, si cada trimestre deben rendir examen ante las autoridades. Por otro lado, hay productos con precios mucho más bajos (pan, facturas, carnes), donde la experiencia Moreno indica que el ajuste se produce por (menor) calidad. Todo un dolor de cabeza para los 4000 militantes políticos que serían asignados al "control popular" de estos 201 precios y los operadores de la línea 0-800 que se encargarán de atender denuncias, se supone que ad honórem y sin aumentar aún más el gasto público.. |