Es evidente que la estrategia que venía aplicando la autoridad monetaria naufragó. Por Julián Guarino, sub editor de Finanzas de El Cronista.
Devaluar ahora y no después
El Gobierno había proyectado
un dólar a $ 6,33 para 2014. En apenas algunas semanas, ese valor quedó
claramente superado. Es evidente que la estrategia que venía aplicando
en el Banco Central naufragó. La devaluación “por goteo”, es decir,
subir el tipo de cambio entre 3 y 5 centavos por semana sólo había
traído más inconvenientes ya que la previsibilidad de la medida hacía
que los importadores ‘colgaran’ declaraciones juradas para pedir dólares
(unas 16.000 por día) ya que ello les garantizaba un dólar más barato
(siempre era más barato el dólar hoy que mañana). Por otro lado, para
los exportadores el negocio era inverso: cuanto más esperaran para
venderle sus dólares del agro al Banco Central, más les iban a pagar por
esos billetes. Esto trajo un récord de demanda de dólares y un
estrangulamiento de la oferta con la consecuente pérdida de reservas por
debajo de los u$s 30.000 millones. La nueva estrategia es devaluar en
forma espasmódica y, si se puede, sin un ‘patrón’ que el mercado, el
agro, pueda conocer de antemano. De esa forma los exportadores deberán
creerle al Banco Central cuando les diga: “ahora no devalúo más; vendan
los dólares”.
Subir las tasas de interés
Un tema que ha traído cola.
Las tasas de interés tienen ahora, la lupa sobre sus hombros. Es que el
costo del dinero es una de las variables que en los últimos años siempre
desincentivó el ahorro y, por lo tanto, la demanda de pesos. Con la
fuerte emisión este problema se agravó. Hay demasiados pesos y los
depósitos en los bancos apenas crecieron lo que marca la inflación. Es
probable que en los próximos días la tasa de plazo fijo suba, en
promedio, a un piso del 25% y un techo del 30%. Pero no más. Seguirá
siendo, en términos reales, negativa, pero seguramente habrá más
depositantes dispuestos a dejar su dinero en los bancos porque “peor es
nada”. La posición del Banco Central es subir la tasa pero la del
ministerio de Economía es dejarla abajo, en el 21% donde se encuentra
hoy. No quieren encarecer el dinero porque sin crédito, la economía
podría sufrir aún más. Para los analistas, está previsto un 2014 con un
crecimiento exiguo de apenas 1%.
Créditos más caros para el consumo
Dato: si sube el plazo fijo,
también subirá la tasa de crédito (tarjetas, personales, prendarios).
Atención. Una parte importante de las compras de las familias es siempre
financiada. Los autos, por ejemplo, también: casi 50% de lo que se
adquirió en 2013 se hizo financiado. Los créditos con tarjeta son una de
las formas habituales que tienen las familias para financiarse, pero
las tasas pueden diferir demasiado. Si hay una suba, habrá que pensar
que eso podría traer una caída de la demanda de bienes y servicios y,
por ende, una menor presión en los precios. Pero al mismo tiempo la baja
de la actividad podría afectar al mercado de empleo. Por ello se
mantendrán con tasa subsidiada los créditos para pequeñas y medianas
empresas e incluso se fondearán nuevas líneas de créditos hipotecarios.
Emitir menos (si los dejan)
Lo dijo Juan Carlos Fábrega,
el titular del Central: “vamos a tratar de emitir menos en 2014”. Por
ahora eso no se ha dado: en diciembre, el banquero imprimió $ 40.000
millones y es probable que siga financiando los gastos del Tesoro. Pero
una idea que recorre el despacho de la calle Reconquista es que, cuando
exista la posibilidad, habrá que volcar menos pesos al mercado si se
quiere ponerle un límite al salto de los precios y, sobre todo, al alza
del blue que superó los $ 13 porque los pesos buscan un destino y sin
turismo u otras variables, la opción más elegida es el dólar. Mientras
el dólar oficial tiene un papel central ya que es la cotización de
referencia para el importador o incluso sirve de base para calcular el
dólar turista, la cotización del dólar paralelo también influye la
evolución de algunos mercados. En muchos casos, los actores económicos
(familias y empresas) se guían por expectativas; en función de una serie
de parámetros (precios en góndola, servicios públicos, salarios,
paritarias, etc.) toma decisiones para preservar su poder adquisitivo y,
si puede, incrementarlo, maximizando esas decisiones. Un ejemplo de
cómo repercute la suba del ‘blue‘ se encuentra en el sector
inmobiliario: las propiedades compiten con el dólar como reserva de
valor. Si se quieren pesificar los precios del mercado, entonces la
referencia (aunque nominalmente se publique en pesos) va a seguir siendo
la moneda estadounidense. Otro aspecto a no descartar es el industrial,
ya que ante la falta de insumos (por la restricción a importar
mercancía), en muchos casos los insumos pueden no abastecer la demanda
y, por ende, su valor va a terminar ajustando al ‘blue‘ por más que el
importador lo haya traído a dólar oficial. Así, los precios de algunos
productos, cuando el blue sube, también suben.
Marear al mercado pero no al agro
Es obvio que el destinatario
de la “estrategia” del Central es el agro. La cantidad de dólares que
ese sector debe vender al mercado fruto de las exportaciones se había
detenido y esto impactó fuerte en el descenso de las reservas. Ahora,
con nuevo precio en $ 8, es probable que el Central dé el ultimátum a
las cerealeras: vendan ahora que éste es el valor. Por supuesto, de aquí
hasta que entre la cosecha, en las primeras semanas de abril, es
probable que el tipo de cambio sea aún más “atractivo”. Ergo, habrá que
pensar en un tipo de cambio que podría tener como piso los $ 9 y un
techo en los $ 10. Sin embargo, la decisión a la que parece haber
llegado la gente del BCRA es a un “modus” operativo similar al que tenía
Martín Redrado cuando ocupó la silla del Central, dejando que el
billete suba de precio pero, después, corrigiendo, para que la
especulación no acampe en la plaza financiera.
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