Desde el inicio de la gestión
de Juan Carlos Fábrega quedó muy claro el cambio de estrategia del
Banco Central. Ya el 18 de noviembre, día de su asunción, el dólar
oficial subió tres centavos, casi duplicando el ritmo de devaluación del
peso que venía llevando adelante su antecesora en el cargo, Mercedes
Marcó del Pont, quien sólo en un discurso antes de su alejamiento
reconoció que la economía tenía un problema de atraso cambiario. El
gradualismo exasperante de la gestión anterior dio lugar a una política
parecida, pero diferente, basada en una aceleración devaluatoria, pero
siempre con aumentos graduales. Esta lógica se rompió pasados los dos
meses de gestión de Fábrega, y por primera vez en la gestión
kirchnerista se permitió desde el Central un salto discreto del dólar. Sucedió
el miércoles y volvió a pasar ayer. Con estos incrementos, en lo que va
de enero el aumento de la divisa oficial ya está en el orden del 22,6%.
Y todo indica que el tipo de cambio se seguirá moviendo con ritmo
ascendente tras tocar los $ 8. ¿Se trata de una estrategia o del descontrol en el manejo de la política cambiaria? Con
la intervención de ayer, la mesa del Central dejó en claro que sigue
teniendo poder de fuego para fijar el tipo de cambio. Tras haber
superado el nivel de $ 8,30, la autoridad monetaria decidió intervenir
vendiendo a $ 8. Lo que no está claro si se trató de una decisión
autónoma o llegó la orden desde otro lado, por ejemplo el Ministerio de
Economía. "Decidimos intervenir en el mercado cuando consideramos que el
ritmo de aumento del dólar ya era exagerado", fue la lacónica
explicación que dieron ayer desde el BCRA. Concretamente la búsqueda de
un tipo de cambio más alto (es decir en relación a la inflación) es uno
de los objetivos que el Central explicitó en el informe monetario
divulgado a fin de año, donde se trazan las principales líneas de acción
hacia 2014. Allí se establece con claridad que un dólar más competitivo
será la piedra angular para que la economía recupere competitividad. Y
se había, tal como anticipó este diario hace dos semanas, de conseguir
un superávit comercial de u$s 10.000 millones este año, por encima de
los u$s 9.000 millones obtenidos en 2013. La estrategia, por lo
tanto, es contar con un dólar más alto y competitivo para mejorar las
exportaciones y por esa vía empezar a recuperar reservas. El gradualismo
era un callejón sin salida: los importadores demandaban todos los
dólares posibles para comprar antes del aumento del tipo de cambio. Y
como contrapartida los exportadores no aparecían porque preferían
liquidar con un dólar más alto. "Cuando el dólar tocó los $ 8,30,
aparecieron muchos exportadores llamando para apurarse y vender. Así que
este salto del dólar comenzó a tener resultado", señaló ayer el
tesorero de un banco extranjero.
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