Sin embargo, hay motivos para alegra rse. Este podría ser momento de comprar bonos argentinos. Es cierto que ha sido altamente riesgoso en cualquier momento de los últimos cien años: el país es un incumplidor serial. Los bonos en dólares estadounidenses emitidos después de las reestructuraciones de la década pasada en 2013 también han sido para inversores con constitución de hierro. Los holdouts siguieron obteniendo victorias legales en Estados Unidos que limitarían la capacidad de Argentina para no pagarles. Los abogados argentinos encontraron maneras de ganar tiempo, pero los holdouts pudieron evitar que Argentina emita nueva deuda internacional sin que incauten sus dólares.
Pero no puede prolongarse por mucho
tiempo la falta de acceso al endeudamiento en dólares. El mayor problema
para el gobierno en los últimos dos años ha sido la caída de sus
reservas internacionales, y no la depreciación del peso. Las reservas
cayeron abruptamente desde comienzos de 2011. Ese es un problema cuando
las reservas se usan para pagar deuda en dólares, sabiendo que en 2015
vencen u$s 8.000 millones. Los movimientos de la semana pasada sugieren
que el gobierno prioriza estabilizarlas por sobre defender el peso. Eso,
a su vez, implica que no puede seguir pagando deuda con las reservas, y
que debe emitir bonos nuevamente. Los bonos 2033 ya cotizan dos
terceras parte por debajo de la par. Y eso es más que el riesgo en las
acciones argentinas. Después de la devaluación de 1994, la bolsa de
valores de México perdió dos terceras partes de su valor antes de
recuperarse.

