Los inversores castigaron a las compañías que atienden al mercado
interno; la petrolera está entre las más expuestas por sus altos costos
en dólares
La fuerte devaluación del peso
que convalidó el Gobierno la semana pasada, cuando perdió 17% de su
valor en comparación con el dólar, hace crujir incluso a sus trincheras
mejor defendidas. En sólo siete días, YPF, cuya estatización contó al
ministro de Economía, Axel Kicillof,
entre sus promotores más entusiastas, quedó presa de la tempestad
cambiaria. El mercado así se lo hizo saber: pese a la recuperación de
6,5% que mostró ayer, desde la mirada de los inversores la empresa vale
hoy un 15% menos que el lunes de la semana pasada, de acuerdo con su
cotización en la Bolsa de Buenos Aires.
La caída de la petrolera que conduce Miguel Galuccio es la más resonante en un contexto signado po r tropezones de casi todas las empresas íntimamente vinculadas
con el mercado interno. En la última semana, la distribuidora gasífera
Metrogas (también pertenece a YPF) perdió 10%; la eléctrica Edenor,
7,55%; la petrolera Petrobras, 4,5%; la telefónica Telecom, 8,7%, y la
alimenticia Molinos, 10,5%, para citar algunos casos.
Un allegado a la petrolera estatizada, que pidió
reserva de su nombre, sostuvo: "Tenemos un alto componente de costos en
dólares, importamos y vendemos en pesos. Es lógico que el mercado nos
castigue". Lo hizo sin esbozar preocupación. En parte, porque la
petrolera muestra cierto acostumbramiento a tratar con las fluctuaciones
cambiarias que convalida su principal accionista, el Gobierno.
Se trata, sin embargo, de una discusión constante entre
la torre de Puerto Madero y el Ministerio de Economía. La última
ocurrió el 27 de diciembre, en las oficinas de la Secretaría de
Comercio, en Diagonal Sur. El anfitrión, Augusto Costa, recibió a
representantes de las principales compañías petroleras de la Argentina.
Estaban, entre otros, Juan José Aranguren, el presidente de Shell, a
quien el Gobierno intentó hacer responsable de la devaluación; Patricio
Chababo, vicepresidente de Axion Energy (opera bajo la bandera de Esso);
Diego Saralegui, de Asuntos Públicos de Petrobras, y Carlos Alfonsi,
director de Downstream de YPF y uno de los ejecutivos que tienen
oficinas en el piso 32 de la petrolera estatizada. También había
representantes de Pdvsa, Refinor y Dapsa. Días antes habían tenido un
encuentro en el que participó el propio Kicillof.
Costa fue el primero en hablar. Les dijo a los
ejecutivos que su intención era "resolver algunas tensiones"
relacionadas con los precios de los combustibles. Y afirmó que en
diciembre del año pasado se había cumplido una pauta de aumento de 6,5%
para las naftas y el gasoil, a lo que los empresarios no respondieron.
El funcionario retomó la palabra y propuso implementar
un ajuste de 5% en los combustibles para enero. Ante el silencio de sus
colegas, el ejecutivo de YPF tomó la voz del grupo: dijo que esa pauta
de aumento le parecía insuficiente, y propuso un ajuste, como mínimo, de
entre 6,5 y 7 por ciento.
Antes había explicado sus motivos. Entre ellos, los
desacoples en el negocio del downstream (así se denomina a la refinación
y comercialización de combustibles) debido a una estructura de costos
dolarizada e ingresos altamente pesificados. Hacía referencia a la
devaluación de la última etapa de 2013, mucho más leve que el raid de la
semana pasada.
YPF es la empresa más grande del país. Según sus
balances, en los primeros nueve meses del año pasado facturó 64.819
millones de pesos, de los cuales 85% fueron en la Argentina. El resto se
repartió entre el Mercosur y otros países del continente. Otros $ 1153
millones vinieron de Europa. Es un resultado lógico: su principal
negocio es vender combustibles y lubricantes en la Argentina, en moneda
local.
Desacople verde
Como le recordó Alfonsi al secretario de Comercio a fines de diciembre, los costos de YPF están altamente dolarizados.
Aunque paga en pesos a proveedores locales una parte
del petróleo que refina, su valor está expresado en dólares, por lo que
necesita cada vez más billetes para afrontar sus compromisos. Lo mismo
le ocurrirá al momento de pagar deuda que contrajo en moneda dura.
En paralelo, sus cuentas están cruzadas por las
importaciones. Según datos oficiales, el año pasado realizó compras al
exterior por 1286 millones de dólares, pero exportó por 567 millones de
dólares, por lo que su saldo de divisas fue deficitario en algo más de
718 millones.
De manera que su ponderación por parte del mercado, así
como sus propias cuentas, depende de una variable tan fastidiosa para
el Gobierno como los aumentos en los precios de los combustibles, sólo
para achicar los quebrantos cambiarios. La economista Marina Dal
Poggetto, del estudio Bein, abona esa teoría. "Los sectores que tienen
ingresos ligados al dólar están mejor que los que están vinculados con
el peso y con decisiones políticas. Cuando aumenten los precios, va a
mejorar la acción", vaticinó.
Siderúrgicas, las principales ganadoras
A contramano de lo que ocurrió con las empresas que
venden en el mercado interno, las compañías locales vinculadas con la
exportación fueron premiadas por los inversores, debido a que la
devaluación disminuyó sus costos en pesos, mientras que sus ingresos
están vinculados con el dólar.
Las acciones de Aluar, la fabricante de aluminio de la
familia Madanes Quintanilla, treparon casi 12% en los últimos siete
días. Y Tenaris, la compañía holding de la familia Rocca que reúne el
negocio de fabricación de tubos de acero sin costura para la industria
petrolera -es la principal compañía de ese rubro a nivel internacional-
creció 6,78 por ciento.
Por otra parte, los títulos de Siderar, que fabrica
aceros planos (chapas) para la industria automotriz y también pertenece a
Techint, creció 10,35 por ciento.
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