Por: Juan Luis Bour - Pasados dos meses con nuevos índices de precios, hoy podemos discernir con mayor claridad cuánto de la inflación reportada en los últimos 7 años responde a cuestiones metodológicas y cuánto a los precios introducidos en las mediciones. Naturalmente hay algo de ambas cosas, pero la publicación de la encuesta de supermercados más reciente permite sospechar que la cuestión se centra esencialmente en qué precios se utilizan al confeccionar los índices. Hasta diciembre de 2013 la encuesta de supermercados informó una inflación que en los últimos cuatro años promedió un 0,8% mensual sin mayores oscilaciones (tal como ocurrió con el IPC). En diciembre sin embargo se informó -último dato del viejo índice- un aumento del 2%, que luego se redujo al 1,7% con un "nuevo índice". La inflación según ese nuevo índice estuvo así por debajo del viejo en el mes de diciembre, pero saltó al 4,1% en enero y un 3,9% en febrero.
El salto en la inflación revelado por el índice de precios de supermercados de INDEC puede responder a diversas razones. Por un lado revela que la inflación es más alta que en el pasado, en coincidencia con cualquier otra medición de precios disponible. Sin embargo resulta sorprendente admitir que la inflación se multiplicó por 5 desde un promedio del 0.8% mensual en los últimos 4 años a un promedio del 4% en el primer bimestre. Otras mediciones apuntan a un aumento del ritmo de crecimiento del nivel general de precios significativo en 2014, pero menor a 3 veces la inflación pasada. Eso es casi la mitad de lo que sugiere el índice de supermercados de INDEC. Los datos oficiales del nuevo IPC nacional parecen apuntar a un "salto" que también es muy elevado: el capítulo de Alimentos y Bebidas del IPC (ya no el índice de supermercados) pasó de medir una inflación del 0.82% mensual en promedio en los últimos cuatro años al 3.6% en el primer bimestre, multiplicando por 4.4 la inflación observada en estos rubros (y 11 veces respecto del mismo período de 2013). En otros términos, las mediciones de INDEC (incluyendo el IPC general, el IPC de alimentos y los precios en supermercados) "saltaron" mucho más que el resto de las mediciones alternativas disponibles.
Si el salto de precios no refleja cambios de esa magnitud en inflación habrá que explicar el exceso por otras razones. Esa explicación sólo puede provenir de cambios metodológicos o de cambios en los precios utilizados. Los saltos atribuibles a cambios de diseño metodológico no pueden dar cuenta de la magnitud de la diferencia "inexplicada" por la mayor inflación a menos que se hubieran corregido errores sistemáticos de medición que sesgaban a la baja los números -lo que sería una confesión de parte inadmisible-. En el caso de supermercados no hay un cambio metodológico de la magnitud del introducido en el IPCNu, a menos que haya cambiado significativamente la muestra de supermercados.
La alternativa es explicar el salto de precios -más allá del aumento en la inflación y algún cambio metodológico- al uso de un conjunto de precios más próximo a los precios "verdaderos". Si éste fuera el caso estaríamos en presencia de un cambio importante: independientemente de discusiones metodológicas o de los ponderadores utilizados se habrían comenzado a utilizar precios "verdaderos" en lugar de precios administrados -al menos en mayor proporción que en el pasado-. Por supuesto, la cuestión no es utilizar algunos precios verdaderos, sino que todos los precios sin excepción deben reflejar las relaciones de cambio que prevalecen en la economía. Subestimar en pequeña proporción la inflación de cada mes puede acumular diferencias sustanciales a lo largo del año.
En suma, la estadística oficial ofrece cambios que parecen ir más allá de lo metodológico y apuntan a las deficiencias de medición destacadas en los últimos años. Por otro lado, las mediciones oficiales apuntan a una aceleración de la inflación que sobreestima la verdadera evolución observada en los últimos 3 meses. Si bien es cierto que la inflación mensual probablemente se triplicó, la indicación de que se multiplicó por 5 o por 10 es a todas luces exagerada y proviene de cambios en los índices que responden a factores aún poco transparentes que pueden mantener la desconfianza en las mediciones. Continuar sin proveer la desagregación regional de índices, la historia del índice para el año previo -algo que a todas luces cualquier instituto calcula antes de proveer un nuevo indicador- o la información de subconjuntos de precios de particular interés, no es más que aportar a la idea de que las mediciones continúan siendo opacas y que por lo tanto deberán ser contrastadas permanentemente con otras mediciones alternativas.
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