Por Javier Blanco - El ajuste monetario que lanzó desde comienzos de año el Banco Central (BCRA) para retomar el control cambiario y apaciguar la fuga al dólar se siente cada vez más en la calle. No es para menos. La cantidad de billetes en poder del público y de los bancos no deja de caer, aun cuando la promocionada contracción monetaria (lograda gracias a un fuerte salto en las tasas que el BCRA paga por la deuda que coloca para retirar pesos, y que derramó rápido sobre el resto de las tasas activas y pasivas) tuvo una llamativa pausa en el último mes. Las cifras oficiales revelan que el ajuste lo paga el sector privado en su conjunto, mientras la oferta de pesos para el Gobierno sigue siendo ampliamente generosa. El fenómeno se hizo particularmente visible en marzo, mes en que se retiraron de la calle $ 3917,7 millones, mientras, en paralelo, la oferta total de dinero en la economía creció en más de 4300 millones, por la emisión realizada para atender por distintas vías las necesidades del Tesoro nacional. Sacaron de circulación $ 3920 millones en papeles de $ 100, mientras inyectaron $ 9,8 millones de $ 5 y $ 10,5 millones en billetes de $ 2, tal vez, para asegurar el cambio chico. En 2013 el BCRA había sumado a la oferta 403 millones en billetes de $ 100 y otros $ 33 millones en papeles de $ 50. A esto se suman otros dos fenómenos derivados de lo que suele denominarse "costo de oportunidad": La contracción en la oferta de medios de pago resultante de la caída en $ 6100 millones que mostró el saldo total en cuentas a la vista del sector privado (suma de lo depositado en cuentas corrientes y cajas de ahorro, en buena medida gatillada por traspasos a plazos fijos para aprovechar las mayores tasas en momentos de un dólar planchado). Esto contrasta con el alza en más de $ 12.000 millones en los saldos bancarios de las cuentas públicas. La caída de $ 2000 millones del stock de préstamos a privados, según cifras preliminares, en lo que fue el primer marzo en más de diez años con destrucción de crédito. "Hay que remontarse a enero de 2004 para ver algo semejante", apunta Francisco Gismonti, de la consultora Empiria. Pocos cambiosLos números muestran que poco mutó desde 2013: sigue habiendo emisión monetaria, pero, últimamente, sólo "dirigida" al sector público. En el rubro se anotan los $ 10.900 millones que la entidad que comanda Juan Carlos Fábrega giró en calidad de asistencia al fisco (aun en momentos en que éste captó $ 5400 millones en su regreso al mercado de deuda, lo que habla de la magnitud que alcanzaría el desajuste de las arcas públicas) y los casi $ 9000 millones de suba que mostró la base monetaria por cancelaciones netas de letras y notas. Gismonti explica que el BCRA recompró "grandes cantidades de sus títulos en el mercado, contrarrestando en exceso la supuesta esterilización. Así, mientras informaba que en las licitaciones absorbía unos $ 9500 millones, en realidad mediante recompras había emitido $ 9000 millones". "Aspira por un lado, pero no deja de tirar billetes por el otro porque no hubo ajuste fiscal, sólo monetario", dice la economista Marina Dal Poggetto, del Estudio Bein & Asociados, que en su último informe advirtió sobre el "tercer test" que el Gobierno enfrenta en el intento por reencauzar las variables, tras haber logrado la pax cambiaria y tratar de estabilizar las demandas salariales por debajo del nivel de suba que tuvieron los precios. Allí se explica que la apuesta oficial por evitar el financiamiento externo lo hizo mutar de un sistema de dominancia absoluta de la política fiscal sobre la monetaria (en la era Marcó del Pont) a otro mixto en el que emite pesos, que después intenta esterilizar o el Tesoro toma como deuda. "El esquema anterior causó un deterioro del balance del BCRA: dejó cada vez menos dólares en las reservas y más pesos en circulación. Así, la cobertura de la base monetaria pasó de un tipo de cambio de $ 2,6 en 2009 [35% por debajo del dólar de entonces] a otro de $ 12,8 [63% por encima] y ayudó a desatar la corrida", describe el informe de Bein. El régimen actual tiene un costo vinculado con la suba en los pasivos remunerados del BCRA, que son más y a la vez más caros. "Ayuda a bajar la incidencia monetaria en la inflación, pero no es infinito y tiene un costo recesivo importante", dice Dal Poggetto. El consultor Federico Muñoz cree que "el esfuerzo de la absorción se ve licuado por la sostenida expansión para financiar al fisco". Y alerta sobre un peligro de alcances aún indeterminados: el de volver a un déficit cuasifiscal, cuando el deterioro patrimonial del Central tiende a agravarse. La última reducción en $ 79.000 millones en su patrimonio neto (pasó de $ 188.800 millones a 109.800 millones en una semana) por la asignación de las utilidades contables del último ejercicio al Tesoro enciende una alerta. "Si bien es cierto que buena parte de esa partida [$ 61.779 millones] pasó a computarse como «otros pasivos» y no tuvo efecto monetario, da una idea de las urgencias y el margen que mantiene el Tesoro para financiarse a través del BCRA", advirtió ayer Delphos Invesment.. |