En su primera participación como ministro en la asamblea de primavera del FMI y el Banco Mundial (BM), en Washington, Kicillof mantuvo una charla con David Lipton, el estadounidense número dos del Fondo.
Según fuentes de la delegación argentina, Lipton manifestó la voluntad de “trabajar juntos”, a lo que Kicillof replicó que será difícil mientras el Fondo y el Gobierno tengan dos visiones tan distintas del país.
El ministro se quejó en particular de la estimación de crecimiento para 2013 (4,3%), a la que calificó de errónea. La contrastó con el 3% que sindicó el Indec en su nueva medición de PBI. De todos modos, se trata de una cifra más bien equiparable a la vieja medición, que hasta septiembre marcaba una expansión del 5,3%. Pero fue la comparación con Venezuela, la crítica del Fondo a las políticas de controles de precios, divisas y comercio exterior y el pedido de un ajuste “por las buenas” lo que más irritó al Gobierno. Así lo asentó el jefe de Gabinete, Jorge Capitanich el miércoles y se lo reiteró Kicillof a Lipton.
Kicillof también mantuvo conversaciones con Alejandro Werner, responsable del Fondo para el Hemisferio Occidental. Con él hablaron del tema estadístico. El FMI aplicó una moción de censura al país por sus deficientes estadísticas oficiales y en diciembre reclamó nuevos indicadores para marzo. Ahora, dijo Werner, el Fondo se tomará su tiempo para analizar el IPCNu y la nueva medición de PBI. En este caso, las fuentes mencionaron una buena recepción del trabajo del Indec. “La Argentina ha hecho progresos en su trabajo y estamos satisfechos por eso”, convalidó la directora gerente del Fondo, Christine Lagarde. No obstante, el FMI recién se explayará en septiembre, cuando su directorio vuelva a tratar el caso argentino.
En ningún momento, remarcaron fuentes oficiales, se mencionó la posibilidad de que el Gobierno reciba una revisión de la economía contemplada en el Artículo IV del Fondo. Es algo que algunos países acreedores del Club de París reclaman para negociar un plan de pagos.
Kicillof llegó a Washington el jueves, con el paro nacional como telón de fondo. Desde entonces y hasta el sábado, mantuvo reuniones con ministros y participó en los foros del G-24 (países emergentes) y el G-20, además de las reuniones del FMI y el BM.
Además, expuso ante empresarios estadounidenses con inversiones en el país y se reunió con los abogados de Nueva York encargados de litigar contra los fondos buitre, en compañía del secretario de Finanzas Pablo López. Llamó la atención la no asistencia al encuentro de Adrián Cosentino, el ex secretario y actual coordinador de la Unidad de Reestructuración de Deuda, que estuvo en Estados Unidos, pero con una agenda distinta a la oficial.
Del G-24 se llevó la declaración de solidaridad ante el juicio contra los holdouts, que se dirimirá en la Corte Suprema de Estados Unidos y que el lunes próximo tendrá una instancia cara a cara entre ambas partes ante los máximos magistrados.
Argentina buscó obtener una posición similar del G-20. “Si prevalecen sus conductas predatorias, los houldouts se asegurarían una herramienta que transformaría a los procesos de restructuración de deuda en virtualmente imposibles, con efectos negativos para la estabilidad y predictibilidad financiera global”, alertó Kicillof al hablar ante sus pares. Pero en este caso se fue con las manos vacías. Lo mismo ocurrió con el FMI, que informalmente manifestó apoyos a la posición ar gentina, pero que se resiste a plasmarlos por escrito.

