| Por Martín Kanenguiser - El tono crítico del ministro de Economía, Axel Kicillof , hacia el Fondo Monetario Internacional ( FMI) merece dos lecturas: una política, destinada al consumo interno kirchnerista, y otra económica, en sintonía con la desesperada búsqueda de dólares del Gobierno para evitar otra crisis. Una y otra vez, ayer Kicillof se preocupó por destacar las "diferencias" entre la visión del organismo y las de la política económica argentina. Esto no es una novedad: hasta el ministro Domingo Cavallo se peleó con el FMI en sus dos gestiones por las recomendaciones de política económica de Washington. Por esta razón, los cuestionamientos realizados ayer en la conferencia de prensa -que comenzó, una vez más, con la crítica a algunos diarios antes que con explicaciones económicas trascendentes- sólo se explican para mimar a la militancia kirchnerista, que se siente confundida por el giro oficial de acercarse al FMI, al mercado de capitales, por medidas como el pago a las empresas del Ciadi y a Repsol; la suba de las tasas de interés; la devaluación y el reconocimiento de una gran inflación y un menor crecimiento económico. "No fui a pedir nada", dijo Kicillof, y mintió, porque fue a pedir que a la Argentina le levanten la sanción de la moción de censura aplicada al Gobierno en febrero de 2013 por manipular las estadísticas oficiales desde 2007. Pese a tener una amable reunión el viernes pasado con el número dos del FMI, David Lipton, y con el director regional, Alejandro Werner, no se llevó una gran respuesta, porque la primera evaluación de los nuevos números del Indec será en mayo en el directorio, pero recién en febrero próximo se decidirá si se levanta la sanción o se continúa con otras más profundas. Para tratar de terminar con este castigo fue que el Gobierno le pidió y le mostró al FMI todos los datos de las nuevas mediciones de inflación y crecimiento que se había negado a exhibir en la Argentina ante las universidades públicas. También su respuesta sobre la dependencia financiera del país respecto del FMI -"nos hemos emancipado"- fue sólo parcialmente cierta: es verdad que no tiene un programa con el organismo -sólo tres países de América latina lo tienen-, pero en 2009 recibió 2500 millones de dólares que le permitieron maquillar el déficit fiscal. Más recursosEsos recursos se originaron en la recapitalización aprobada por el FMI, que giró dinero a todos sus miembros; en 2010 se votó un nuevo reparto -que aún no se efectivizó porque el Congreso de Estados Unidos no lo aprobó-, pero que en la Argentina fue avalado en el Congreso a través de la febril gestión del bloque del Frente para la Victoria. Esta decisión de mantener el peso específico de la Argentina en el FMI refleja claramente su deseo de pedir eventualmente recursos en el futuro. Por otra parte, aunque haya declarado el fin de semana que la inclusión del FMI en la negociación con el Club de París es un "invento de la prensa", figura en la respuesta de estos acreedores al Gobierno. Ayer, una fuente diplomática de un importante país ratificó a LA NACION: "La presencia del FMI significaría una refinanciación mejor para la Argentina, con más años para pagar y un acuerdo más rápido". En lo que sí coinciden el discurso de Kicillof y el del FMI es en que no se avanzó demasiado en la fecha de revisión de las cuentas públicas que la Argentina se niega a realizar desde que manipula las cifras del Indec. "No es una necesidad objetiva", dijo, pese a que con un sello del organismo multilateral lograría inversión de los países del Club y una tasa de interés baja, similar a la de otros países de la región, para emitir deuda que pudiera reducir el pedido de fondos al Banco Central y, por lo tanto, la inflación.. |