Por Jorge Oviedo - Los despidos son bastante caros para los empresarios en la Argentina, de manera tal que cuando se producen en números significativos es porque hay muchos ejecutivos que prevén que su negocio seguirá mal por mucho tiempo. Si las expectativas indican que habrá una baja transitoria de la actividad , las ventas o la producción, se opta en primer lugar por cortar las horas extras. Si se espera un período más largo de retracción, se recurre a las suspensiones y, por último, se echa mano a los despidos. No es raro que mientras empeoran mucho las expectativas de industriales, constructores y comerciantes aumenten también las suspensiones y despidos. Es un indicio claro de que hace tiempo que los negocios no van bien y que la recuperación, en todo caso, se espera para dentro de un tiempo prolongado. Los problemas laborales de los afectados terminan por profundizar la tendencia recesiva. Una cantidad de personas y familias pierden capacidad de consumir de manera significativa. Además, hay efectos hasta en quienes no sufren el problema directamente. Saber que hay crecientes suspensiones y despidos también vuelve más cautos a la hora de gastar a los trabajadores que no pasan todavía por ese problema. Y mucho menos piensan en endeudarse. AlternativasEn el caso de la construcción, hay una cobertura por desempleo, pero es una actividad donde muchos de los ocupados pertenecen a estratos sociales bajos, donde no hay ahorros o hay pocos ingresos adicionales al del jefe de familia que ayuden a pasar el mal trago. Todo resta capacidad de gasto. Cuando en 2011 Cristina Kirchner logró su reelección con el 54 por ciento de los votos, era muy difícil conseguir obreros de la construcción. En cambio, en marzo pasado, según las estadísticas del Indec, casi la totalidad de las empresas (más del 90 por ciento) encuestadas para el índice de actividad de la construcción reportaron que no tenían problemas para conseguir candidatos si necesitaban un trabajador. Hay una razón adicional por la que los empleadores demoran los despidos todo lo que pueden. Cuando se trata de personal calificado, no sólo resulta costosa la desvinculación, sino que, además, se pierde la relación con personas a las que se capacitó y entrenó y con las que se generó confianza. No es fácil ni barato reconstruir la situación cuando la actividad mejora. El despido es la última opción, cuando se prevé un bajón prolongado. Es la secuencia que se está dando en el sector de automotores y autopartes. La recuperación de los puestos perdidos, si hay un cambio en el negocio, tampoco es rápida. Primero se agregan horas extras. Sólo cuando la mejora se consolida claramente, se vuelve a contratar trabajadores. |