Por
MARIANO GORODISCH -
En retirada. Así se encuentra actualmente la banca
privada en Uruguay. El problema es la falta de compradores.
Acá todos
quieren partir pretendiendo vender el negocio. Lo quiere hacer el Leumi, Raymond
James y otros que se están sumando, como la banca privada del Discount, Hapoalim
y demás. Es un tema de precio: a la hora de vender no pueden pretender recibir
más de lo que Julius Bär le pagó a Bank of America por la compra de la operación
global de Merrill Lynch, que fue el 1,2% del valor de las carteras de los
clientes, exactamente el monto de comisión anual que cobran las bancas privadas.
O sea, compró el negocio por un año de facturación, revela en off un conocedor
del sector.
El que ahora está buscando un comprador es el banco israelí
Leumi (uno de los que más utuiliza la comunidad judía, junto al Discount y
Hapoalim, también de la colectividad), que tiene una cartera de u$s 600
millones, por lo tanto el precio de mercado para venderlo debería ser de u$s 7
millones, estiman en la plaza.
Este diario se trató de comunicar con David
Mamann, gerente general del Leumi, para tener su opinión al respecto, pero no
respondió.
¿Qué puede pasar a partir de ahora? Calculan que hay 25.000
argentinos con un promedio de u$s 600.000 cada uno en la banca off shore
charrúa, lo que totaliza u$s 15.000 millones, cifra que representa más de la
mitad de las reservas del Banco Central de nuestro país. Lo más probable es que
quienes tengan menos de u$s 500.000, que son el 80% del total, pasen a ser
atendidos desde un call center en Puerto Rico, como ha ocurrido en otros casos
de entidades que se han marchado.
Las carteras de los clientes que se
atienden desde Uruguay pueden ser en teoría más volátiles y hasta peligrosas
para quien las adquiera. El riesgo ya no radica tanto en la posibilidad de
perder una parte de los clientes que no quiera continuar con la institución
adquirente, sino en las sorpresas que pueden encontrarse en cuanto a la
calidad de los clientes. En la totalidad de los casos, las bancas privadas
tienen un desconocimiento absoluto acerca de cómo sus clientes hicieron
realmente el dinero, de cómo lo continúan haciendo, cómo es su modo de vida,
familia y amigos, así como también de sus aspectos impositivos, legales,
cambiarios y hasta sucesorios. Y éste es el gran problema: sólo en la medida que
se conozca toda esta información es posible percibir si una persona se encuentra
políticamente expuesta o no, y si realiza una actividad normal y lícita o no,
advierte Mariano Sardáns, CEO de la gerenciadora de patrimonios FDI.
A su
juicio, las bancas privadas están manejadas por comerciales: personas que
quieren vender y no ver caer sus ventas y que, por temor a perder clientes, no
preguntan e indagan sobre lo que debieran: Esto es tener una visión corta e
incompleta de la situación, porque quien después termina perdiendo es el cliente
normal. Con el tiempo, cuando los departamentos de legales de las casas matrices
se enteran que tienen incompleta, incorrecta o nula información sobre los
clientes, terminan tomando medidas drásticas que incluyen el cierre inmediato de
miles de cuentas.
HSBC procedió al cierre masivo de cuentas de clientes
latinoamericanos luego de la multa récord que se le impuso en el 2012; Julius
Bär hizo lo mismo luego de adquirir Merrill Lynch y continúa limpiando su
cartera de clientes hoy en día; también lo hicieron y lo siguen haciendo el
Credit Suisse, UBS y muchas otras instituciones de banca privada.