Por Martín Kanenguiser - El ministro de Economía, Axel Kicillof, aterrizó hoy en Francia para comenzar a cerrar el trabajoso acuerdo con el Club de París, con el objetivo de recuperar la posibilidad de financiamiento de mediano plazo para el país, aunque sin la garantía de poder hacerlo en forma rápida, ante la falta de una propuesta totalmente cerrada y la ausencia de consenso entre los acreedores.
"Hemos avanzado decididamente hacia un acuerdo, pero no hemos definido los plazos ni los lineamientos", dijo el ministro en un breve diálogo con los periodistas acreditados en el Ministerio de Economía, en el que buscó bajar las expectativas sobre el resultado de esta gestión. A su lado recordaron que en enero había previsto públicamente que la negociación podría demorar hasta ocho meses.
En tanto, hasta ayer a la tarde no se había realizado una teleconferencia entre los principales acreedores del país, aunque tal vez se haga hoy, un día antes del encuentro previsto con el ministro y con el secretario de Finanzas, Pablo López, quien lo acompañó en este viaje, cuya duración no está definida. También será de la partida Hernán Lorenzino, jefe de la unidad de reestructuración de deuda y ex ministro.
Fuentes de dos gobiernos extranjeros indicaron a LA NACION que hasta ahora no se conoce la postura común que los países acreedores le presentarán a la Argentina mañana, pese a que, según trascendidos de la negociación, los acreedores que reúnen más del 50% de la deuda, Alemania y Japón, mantienen la postura más dura en cuanto a exigir la intervención del FMI y acortar los plazos de pago. El gobierno alemán en particular considera que la intervención del FMI es un principio que podría alterarse si la Argentina presentara una propuesta suficientemente atractiva, pero entiende que si este organismo participara, el Gobierno podría lograr una refinanciación mucho más conveniente en términos de plazos y de una eventual quita sobre el monto total. La deuda en default, incluyendo los intereses atrasados, ronda los US$ 10.000 millones, según cálculos privados.
Del lado argentino, lo último que trascendió fue que el Gobierno estaba dispuesto a elevar el monto de US$ 250 millones ofrecidos originalmente como pago inicial, aunque sin estirarlo hasta los US$ 2000 millones pedidos por los acreedores. En el equipo de Kicillof indicaron que lo que es seguro es que no habrá un pago con reservas del BCRA, pero sí podría hacerse con un bono corto, confiados en que la tasa de interés que pagan los títulos soberanos está en un nivel razonable, aunque sea más alta que la del resto de los países de la región. Además, desalentaron la posibilidad de concretar un acuerdo inmediato, por la gran variedad de los actores involucrados y para desalentar una reacción adversa si el ministro vuelve a Buenos Aires sin un convenio sellado.
Un ex negociador indicó que "nada será fácil, ni cerrar el acuerdo ni implementarlo, porque una vez que el convenio se firme, comenzarán los mecanismos burocráticos de salida del default de cada uno de los bancos oficiales de los países acreedores. Además, porque como los usuarios fundamentales de este acuerdo son las empresas, para que utilicen esos créditos deben darse las condiciones macroeconómicas que estimulen la inversión". En Economía tampoco quieren brindar precisiones sobre el efecto concreto que tendría un acuerdo y descartan, por ahora, tomar un crédito de un banco de Wall Street.
Una calificada fuente del Ministerio de Economía aclaró que si bien se está en una instancia decisiva, no necesariamente habrá una definición inminente, por la gran variedad de actores que estarán presentes en la reunión que comenzará mañana en el mediodía de la capital parisina. Por esta razón, el pasaje de regreso del ministro está abierto, para volver entre mañana mismo y el viernes, según avancen las conversaciones.
Lo curioso es que, pese a que no está garantizado el cierre inminente, el ministro haya viajado igual; la respuesta oficial es que desde el primer día la intención era que negociara el propio ministro, sin intermediarios.
Los propios funcionarios de Economía saben que, una vez más, en materia de deuda la Argentina está sembrando un nuevo camino, porque los acuerdos del Club se dividen tradicionalmente entre aquellos que se pagan en efectivo y aquellos que se refinancian, junto con programas con el FMI, en varios años. Acá habría una tercera vía, ya que, como indican en Economía, el país no necesita del apoyo financiero del Fondo, aunque para algunos acreedores sí necesita del monitoreo de este organismo para evaluar la sustentabilidad del plan de pagos.

