El gobierno de Dilma Rousseff decidió ayer remover el impuesto del 6% que aplicaba sobre algunos préstamos de corto plazo en el exterior, denominado Impuesto sobre Operaciones Extranjeras (IOF), para que el Banco Central de Brasil (BCB) pueda controlar la reciente depreciación del real que amenaza con darle un nuevo impulso a la inflación. El índice se encuentra cerca del límite del techo oficial de 6,5%.
La sorpresa que condujo a l
a administración brasileña a tomar esta decisión se produjo a comienzos de la semana, cuando el real experimentó una rápida caída de 1,5% el lunes y registró su menor nivel en casi dos meses, ante las especulaciones de que la entidad que dirije Alexandre Tombini podría reducir su programa de intervenciones en el mercado cambiario. Así, el Banco Central logró contener la depreciación al anunciar que duplicaría su oferta de swaps cambiarios, que son derivados que brindan a los inversores una protección ante pérdidas cambiarias.
Luego de este episodio, el Ministerio de Hacienda brasileño decidió remover el impuesto IOF sobre los préstamos internacionales con vencimiento a entre seis meses y un año, argumentando que esta medida ayudaría a reducir los costos de financiamiento para las compañías y los bancos locales. El ministro de economía, Guido Mantega, declaró que la medida pretende normalizar la situación en el mercado, que en el pasado tomó medidas ante el exceso del ingreso de capitales en Brasil. De acuerdo a Mantega, ahora el flujo de capital internacional en el país es normal.
La medida apunta a contar con más recursos que lleguen a través de los bancos comerciales extranjeros que decidan endeudarse en el exterior sin el impuesto, si es que lo hacen por más de seis meses. Los capitales que ingresen por menos de 180 días siguen sujetos al impuesto. El Banco Central quiere mantener el nivel actual del real sin un alto nivel de volatilidad y movimientos bruscos, explicó José Francisco de Lima Gonçalves, economista jefe de Banco Fator, en diálogo con El Cronista.
Para el economista, la medida ayudará a contener la inflación y permitirá algún tipo de financiación adicional para expandir el crédito en un momento en que el BCB está agotando sus intervenciones en el mercado a través de los canjes cambiarios.
En lo inmediato, el real no reaccionó demasiado ante la quita del impuesto. La moneda brasileña se apreció ayer apenas un 0,1% frente al dólar y cerró la jornada en 2,2796 unidades por dólar. Cabe aclarar que un real más débil eleva los precios de las importaciones y genera más presiones inflacionarias en Brasil. Para la Argentina también son malas noticias, ya que cuando la divisa se deprecia el peso pierde en la carrera de la competitividad a través del tipo de cambio real bilateral.
La inflación de Brasil se ha desacelerado recientemente, pero sigue estando muy cerca del máximo del 6,5%. La preocupación del gobierno brasileño frente al avance de la inflación es que su alto nivel perjudica el consumo doméstico y el crecimiento. El Producto Interno Bruto de Brasil apenas creció en el primer trimestre y podría sufrir una desaceleración más pronunciada en el futuro por un declive de las inversiones.

