La Argentina estará esta semana pendiente de una
definición crucial el jueves, justo el mismo día en que empieza el
Mundial de fútbol. No será una final, sino un partido por no descender,
una vez más, a los infiernos económicos. Si la Corte Suprema de los Estados Unidos decidiera no tomar el caso de los bonistas que no aceptaron el canje y piden el total de sus acreencias, el país volvería a un default . Quedarían firmes los fallos desfavorables de instancias inferiores. "Hasta
hace unos meses, mis asesores de Wall Street me decían que había 90 por
ciento de probabilidades de que ése fuera el resultado", dice uno de
los más importantes banqueros locales. Y aclara que aun antes del
acuerdo con el Club de París "las cosas cambiaron". En tiempos de
Néstor Kirchner, el entonces subdirector de LA NACION, José Claudio
Escribano, decía que el estilo del presidente era "siempre ir hasta el
borde del abismo" y frenar o maniobrar a último momento. "Es su estilo,
hay que reconocerlo, está en su derecho, el problema es que le puede
salir 99 veces bien, pero alcanza, para causar un desastre, que una sola
vez le salga mal", advertía. Cristina Kirchner contará esta vez
con apoyos impensados y que no tenía en las instancias inferiores: el
FMI, la Casa Blanca y hasta políticos de la oposición (ver aparte). Una
de las claves para los cambios es que la Presidenta dejó de decir en
cuanta ocasión le fuera posible, incluso ante los jueces, por intermedio
de sus abogados, que si le fallaban en contra no pagaría. Mientras,
afirmaba, también en público, que la Argentina era un "pagador serial".
Como si explicara que las amenazas de ser un fugitivo de las decisiones
del juez Thomas Griessa y las Cámaras eran "jueguito para la tribuna".
Los tribunales no entraron en esas prácticas del relato tramposo. Si
la Corte acepta el caso, demorará una decisión y la Argentina habrá
ganado tiempo. Scioli y los suyos no esperan más que eso, ya sería
bastante bueno. Y hay quienes creen que hasta podría haber algunos
peligros. El acuerdo con el Club de París, sumado a esa eventual
decisión de la Corte norteamericana, podría causar un ingreso de dólares
que podría terminar repitiendo una sobrevaluación cambiaria, dice un
informe de la consultora Elypsis, que conduce Eduardo Levy-Yeyati. Una
inflación persistente, con déficit fiscal y dólares fluyendo al país
dejarían el dólar oficial en $ 9,20 a fines de año. ¿Haría falta
entonces una nueva devaluación significativa? Daniel Artana muchas
veces dijo que "al borde del abismo los políticos argentinos reaccionan
de manera correcta, pero en forma insuficiente". El panorama parece
confirmarlo. Cristina Kirchner acomoda el frente externo, pasando
cuentas fenomenales a la próxima administración, pero no controla el
gasto ni la inflación que se genera por financiarlo con emisión. Y frena
las importaciones, hasta de equipos petroleros para operar en Vaca
Muerta. Por ahora, no hay riesgo de "lluvia de dólares", piensan otros. La
Presidenta aumentó el rojo fiscal con una nueva moratoria previsional.
Dice que es para subsanar daños de los 90. El kirchnerismo gobierna
desde hace más de 11 años y no ha logrado que baje del 50% la proporción
de trabajadores que están en la informalidad. Muchos que no tienen los
años de aportes suficientes para jubilarse han estado "en negro" durante
al menos buena parte de la década ganada. Muchos jubilados
actuales deben someterse a humillaciones para poder cobrar. Hacer
trámites para demostrar que están vivos. El Estado sabe si alguien
compró una chuchería en Vladivostok con su tarjeta de crédito, pero no
si los jubilados viven o no. No importa, no van a arreglarlo. Van a
medir el rating de la televisión. Nada importa más que el relato.
Por eso la Presidenta aumentó por decreto los montos de subsidios a
películas nacionales, muchas de las cuales casi nadie ve. Hasta hace
poco el Gobierno subsidiaba los colectivos urbanos, sin importar si
llevaban pasajeros o no. El ministro Florencio Randazzo quiere ser
presidente arreglando ese desastre que armó la administración a la que
pertenece y en la que se dilapidaron miles de millones. La
Presidenta, en cambio, no modifica las escalas del impuesto a las
ganancias ni las del monotributo, lo que en el contexto inflacionario
aumenta injustamente la presión tributaria, especialmente sobre los
menos pudientes. Ajuste ortodoxo con relato épico. |