Por: Pablo Wende - No fue una sorpresa para nadie. Tras la decisión del Banco Central de imponer tasas máximas para el otorgamiento del crédito, los inversores salieron a castigar duramente a las acciones bancarias. Tanto en el mercado porteño como en Wall Street las caídas fueron significativas en todos los papeles, que terminaron con bajas de hasta el 8%.
El mercado se adelantó así a lo que parece a esta altura inevitable, que es una fuerte reducción de la rentabilidad en los próximos trimestres. El escenario más probable para el segundo semestre es que los bancos terminen devolviendo una buena porción de la ganancia reflejada en los estados contables por la devaluación de enero. En ese momento, la tenencia de activos dolarizados generó un resultado extraordinario. La obligación de vender la mayor parte de esas tenencias llegó pocas semanas después de la devaluación.
Todos los bancos que cotizan, por otra parte, se verán impactados de lleno por los topes, ya que integran el Grupo 1 definido por el Central, es decir que tendrán los límites más bajos que se establecieron.
En Nueva York, el papel más afectado fue el del Grupo Financiero Galicia, que terminó cayendo un 8%, mientras que el Macro terminó un 7,55% abajo. Un poco más leve, pero también significativa, fue la caída del Banco Francés, que terminó un 5,9% abajo. La situación en el mercado porteño no tuvo mayores variantes en relación con lo que sucedió en Wall Street. El papel más afectado resultó el Macro, con una pérdida idéntica a la de afuera, mientras que el Galicia sufrió una merma del 6,6%.
Esta merma contrastó con un comportamiento mucho más estable de los bonos, con el mercado pendiente de lo que suceda en las próximas horas con la Corte Suprema norteamericana. Y entre las acciones siguió trepando YPF, que subió un 1,3% y finalizó en u$s 33,3, acercándose a los u$s 34 que había tocado en diciembre del año pasado.
El análisis que efectuaban los inversores no era muy distinto al que se hacía puertas adentro de los bancos, donde se sucedieron reuniones de las distintas gerencias durante toda la jornada. La conclusión fue prácticamente unánime: el fuerte achicamiento del "spread" entre la tasa pasiva y activa, además del control estricto de comisiones, impactará indefectiblemente en el resultado. Incluso la mirada se posa sobre los bancos más chicos, ya que son los que menos espalda tienen para hacer frente a una situación de baja o nula rentabilidad.
En principio, las nuevas tasas de las distintas líneas se conocerían el lunes, plazo que otorgó de manera informal el Central a los bancos para que se adapten a las nuevas regulaciones.
Las condiciones crediticias se verían resentidas casi inmediatamente.
"No creo que ningún banco abandone la línea de préstamos personales. Pero claramente estarán más dirigidas al público que se considera menos riesgoso, como quienes cobran cuentas sueldo, y es posible que se achiquen los plazos", señaló ayer el ejecutivo de un banco de capital nacional.
Incluso hay muchas líneas crediticias que se otorgan automáticamente, como sucede, por ejemplo, con la tarjeta de crédito (todas tienen un monto destinado para la refinanciación si no se paga el mínimo). También la mayoría de los paquetes diseñados para los distintos tipos de cliente tienen préstamos personales preacordados que las entidades no pueden dar de baja. Por lo tanto, esos créditos deberán ofrecerse ahora a tasas menores.
Una posibilidad concreta es que muchas entidades decidan bajar la tasa de plazos fijos como una manera de perder menos rentabilidad. El peligro es que si esta baja de tasas resulta excesiva se produzca una pérdida de depósitos, que no sólo sería inconveniente para la institución sino para la economía. El mensaje termina siendo contradictorio: se empuja a los bancos a bajar la tasa, pero al mismo tiempo el Gobierno busca que no haya presiones cambiarias. Se trata de dos objetivos difíciles de compatibilizar.
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