Por JULIÁN GUARINO - Dos caras. La de Kicillof y la de Fábrega. Pero también, la del impacto de las nuevas medidas.
Como todo en economía, la avanzada del BCRA abre beneficios pero también nuevas problemáticas, más complejas, menos vistosas, que, en opinión de los banqueros, pueden evidenciarse en el mediano plazo. Tiene que ver con el riesgo un elemento financiero que pocos observan, el cortoplacismo de los depósitos, la inflación, la desconfianza en la moneda y, sobre todo, con una rentabilidad en el sector financiero que, en lo que atañe al negocio de la intermediación, no siempre es tan alta como se cree.
El ministro Kicillof es un hombre que suele fijarse objetivos de mediano plazo mientras ejecuta los de corto. Y éste, lanzar un paquete de regulación, fue pergeñado hace ya dos meses: había que ponerle un techo al costo financiero de los créditos, si bien la punta de lanza había sido del propio Gobierno al impulsar la tasa de referencia del Banco Central para sacar pesos de la economía. Sin embargo, la medida que se buscaba aplicar era transversal: ¿cómo ponerle un techo a las tasas de interés sin contar con la cooperación del Banco Central? Imposible. A pesar de las distancias con el ministerio de Economía, la gente de Fábrega entendió el mensaje lanzado hace 60 días y se apuró, no para arrojarse cuanto antes sobre la supuesta tajada que obtienen los bancos, sino para que ese nuevo corpus de regulación que con ansias políticas le pedía el ministerio de Hacienda no terminara afectando negativamente a uno de los sectores que aún se mantiene a flote de la economía. La nueva regulación del Banco Central le pone un tope a la tasa y lo hace tomando como referencia, su propia tasa de interés.
Para el Gobierno los préstamos que ofrecen los bancos son usurarios. Esta es la razón, dicen, por la que cae el consumo. Para los banqueros, en cambio, hay argumentos que el Palacio de Hacienda pasa por alto, argumentos que, ellos suponen, Fábrega conoce al detalle. Señalan que el consumo se retrajo no por efecto de lo elevado de las tasas sino por cuestiones relacionadas con el achicamiento del mercado de empleo, lo elevado de la inflación, la emisión monetaria, la recesión económica y salarios que, en términos reales, bajaron. Después, se animan a mencionar que en definitiva, la ganancia que obtienen no es tan alta como se cree en función del riesgo, y que limitar la tasa es achicar el mercado. Porque si bien reconocen que habrá efectos positivos entre quienes puedan capitalizar el recorte de tasas, también habrá un impacto negativo, sostienen, entre quienes se queden sin la posibilidad de acceder a esas líneas de crédito y deban recurrir a otras de costo más elevado en entidades que no están reguladas por el Central.
Es que los bancos le deben sus fuertes ganancias del último tiempo a las tenencias de títulos públicos dolarizados que con la devaluación de diciembre y enero, arrojaron rendimientos elevados, pero que ahora que el BCRA los limitó en la cantidad de bonos que pueden tener en cartera, arrojarán un resultado menor. La ganancia financiera por esta tenencia fue en el último trimestre de 167%, pero la de la intermediación fue de apenas 1,5%. Un negocio compensa otro, sostienen.
Señalan que si se hiciera un ejercicio, y se tomara la ganancia que obtienen las entidades por la intermediación financiera (tomar depósitos y dar préstamos) entonces el número resulta difícil de creer. Por ejemplo, a las tasas actuales, los bancos obtienen una rentabilidad promedio del 22% nominal (negativo en términos reales) por los préstamos personales y del 17% por los préstamos con tarjeta de crédito. ¿Cómo se explica? Por un lado, a los bancos les conviene contar con grandes cantidades de dinero transaccional (caja de ahorro y cuenta corriente), ya que de esa forma se fondean a una tasa del 0,2%. El resto es plazo fijo, que generalmente también es negativo en términos reales. Por otro, si bien las tasas que se aplican a los saldos con tarjeta son muy elevadas, sostienen que sólo 2 de cada 10 usuarios financian sus consumos de esta manera. En rigor, la rentabilidad promedio del sistema que tienen los bancos hoy en función de su patrimonio es de apenas 4% (2013). En las entidades dicen que se ajusta por precio o por cantidad. Que 8 de cada 10 pesos que se encuentra depositado en el sistema financiero está asegurado apenas a 30 días, lo que eleva las tasas sensiblemente. Lo absorberán, señalan, pero ponen dudas en los efectos.