Por: Ignacio Olivera Doll - La reducción en las tasas de interés que resolvió hacer en dos veces el Banco Central, desde fin de abril hasta hoy, empezó ya a tener algunos efectos sobre la liquidez del sistema. Las entidades financieras sintieron el primer freno abrupto del año en el volumen de plazos fijos que reciben de las empresas y los particulares: una desaceleración que, si bien estuvo influida estacionalmente por el pago del Impuesto a las Ganancias, fue sensiblemente más profunda en los últimos 30 días que la que se había registrado en el mismo período de años anteriores; una caída del efectivo en las cuentas corrientes; y un avance del dinero en cajas de ahorro que, tras el cierre de las paritarias, parece hasta el momento demasiado lento y tibio como para compensar la caída del fondeo.
El fenómeno está lejos de preocupar a las entidades, en un momento en que el desplome del crédito los hace recuperar liquidez sin encontrar alternativas demasiado atractivas para volcar los excedentes. Y que obliga entonces al Banco Central (incluso al Gobierno) a salir a absorber los pesos sobrantes para evitar que, más tarde, den fuerza a la demanda de dólares en el mercado cambiario.
El recorte de tasas fue de dos puntos porcentuales en sólo un mes. El organismo desandó el fuerte ajuste que había hecho a fin de enero, y redujo los retornos que paga por sus letras del 29% al 27% anual. El movimiento se trasladó inmediatamente, y con algo más de fuerza, a los rendimientos de los plazos fijos: la tasa que pagan en las mesas de dinero a las grandes empresas pasó en el mismo tiempo del 27,5% al 24,5% anual; y la Badlar, que mide el Central sobre los grandes depósitos, pero que está más representada por el dinero que coloca la ANSES, se hundió en los últimos días por debajo del 24%.
El dinero que hasta entonces dejaban los fondos comunes de inversión, las grandes compañías y los inversores minoristas dejó de llegar a los bancos con el dinamismo del primer cuatrimestre. El crecimiento, que se había ubicado entre el 4% y el 6% durante los primeros cuatro meses del año, y había mostrado avances superiores al 40% interanual, se desaceleró a un ritmo del 1,4% en los últimos 30 días, según las cifras oficiales del organismo (en 2012 y 2013, la expansión había sido del 3,5% y el 2%, respectivamente).
El desplome del crédito y, ahora, el tope a las tasas de interés los desalienta a salir a tomar pesos del mercado y esforzarse por dar mayores retornos. El crecimiento de préstamos al sector privado fue, en el mes, de exactamente el "0,0%", según el último informe monetario del Banco Central. Hubo un enfriamiento tanto en las líneas que toman las empresas para la inversión (los documentos cayeron un 0,9%) como en las que reciben los individuos: hipotecarios (0%), prendarios (-0,1%), personales (0%) y tarjetas de crédito (1,1%); pero que fue atenuado solamente por los adelantos en cuenta corriente que las compañías utilizan para financiar su capital de trabajo a cortísimo plazo (se expandieron un 3,5%). Se trata, para algunos ejecutivos, de una mera confirmación de lo que habían anticipado en los últimos meses: un sistema financiero que ante la incertidumbre económica y la mayor intervención estatal se hará cada vez más chico y estará cada vez más alejado de su rol de apuntalar la actividad.
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