Por Javier Blanco - La Suprema Corte de Estados Unidos no sólo rechazó ayer la apelación presentada por el gobierno argentino para que analice la disputa abierta con los holdouts, sino que, además, habilitó al fondo NML a rastrear y pedir embargos sobre activos argentinos en el exterior.
El repaso viene a cuento para concluir que los mercados también se equivocan. El rally alcista que en las últimas semanas -más allá de la cautela de los últimos días- venían experimentando los bonos en dólares (en especial, aquellos emitidos bajo ley neoyorquina) había dejado a la vista que los bancos de inversión y los apostadores más profesionales habían "comprado" cualquiera de las variantes del final feliz, como dejaron incluso reflejado en sus informes y a inversores.
La idea imperante es que, al habilitar una consulta al procurador (pese a que no existían antecedentes alentadores al respecto), el Gobierno ganaría tiempo en pos de que la extinción de la cláusula RUFO (cae a fin de año) le abriera una chance de sentarse a negociar más libremente un acuerdo con los litigantes.
Ese movimiento, graficado en el fuerte descenso de 860 a 735 puntos de la tasa de riesgo país, fue el que ayudó a amplificar las pérdidas de ayer, rueda en la que el mercado operó bajo el síndrome de la puerta 12.
La ola de ventas fue tal que elevó el volumen de negocios a un nivel inédito en los últimos 6 años. Hay que remontarse a 2008 (momento de estrés para la economía local por la pelea con el campo en medio del estallido de la crisis subprime en EE.UU.) para dar con un movimiento semejante. Consecuencia de esto fueron el derrumbe del 10% en el Merval y las bajas de hasta 12 y 13% en los bonos, sin que ningún papel haya insinuado haber hallado un piso aún..


